Sábado, 5 de septiembre de 2026
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La vez que Nintendo enterró dos películas porno de Mario para que nadie las viera

A comienzos de los noventa, la compañía compró en silencio los derechos de una parodia adulta del fontanero y su secuela. La estrategia funcionó durante más de una década. Acá te contamos cómo se cocinó uno de los episodios más curiosos de la historia de los videojuegos.

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Sofía BianchiCultura y espectáculos · 5 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

Te voy a ser honesta: hasta que me crucé con esta historia, no tenía la menor idea de que dos películas porno de Mario Bros. Y no porque sea ingenua, sino porque Nintendo se tomó muy en serio la tarea de que nadie se enterara. Literalmente, compró el material para archivarlo en un cajón y rezar para que el mundo se olvidara. Spoiler: el plan les salió bastante bien durante más de una década.

A comienzos de los años noventa, cuando Super Mario era una máquina de hacer plata en cada rincón del planeta, un director y actor de cine para adultos identificado como Buck Adams vio una oportunidad dorada. Se puso detrás de cámara y produjo una parodia porno del fontanero más famoso del mundo. El rodaje se completó en apenas dos días, con un presupuesto que rondaba los veinte mil dólares. El material grabado fue tan generoso que la producción decidió dividirlo en dos entregas: Super Hornio Brothers y una secuela directa.

El timing perfecto (para Nintendo)

El lanzamiento de ambas películas coincidió con el estreno de la adaptación oficial, Super Mario Bros., la película de 1993 dirigida por Rocky Morton y Annabel Jankel. Aquella cinta fue un fracaso resonante: la tiraron abajo en la taquilla y la crítica la destrozó sin piedad. La imagen de Mario ya estaba magullada por ese papelón, así que en Nintendo encendieron las luces rojas y movieron sus hilos. Compraron los derechos de las dos producciones pornográficas poco después de su aparición, y lo hicieron con una discreción casi quirúrgica.

El único objetivo era archivar las cintas sin generar publicidad extra alrededor de ellas. Nada de declaraciones a la prensa, nada de comunicados, nada de norfiguración. Compraron para callar. Y ojo, funcionó de maravillas: durante años, buena parte del público dudó de que esas películas hubieran existido alguna vez.

El día que una copia se filtró igual

En 2009, una copia parcial de la segunda entrega apareció en internet. Se llamaba Super Hornio Brothers 2: King Pooper Returns e incluía, como bonus, un resumen de la primera parte. El protagonista de ambas producciones, el actor Ron Jeremy, confirmó públicamente que los derechos le pertenecen a Nintendo y que no hay forma legal de relanzarlas. La primera película, mientras tanto, sigue desaparecida hasta hoy.

  • La compra se hizo de manera deliberadamente silenciosa, sin generar prensa adicional.
  • El objetivo nunca fue exhibir ni explotar el material, sino evitar que circulara libremente.
  • Durante más de diez años, el resultado fue tan efectivo que mucha gente dudó de la existencia misma de las cintas.
  • En 2009 se filtró una copia de la secuela con un resumen de la primera; la original no apareció jamás.
  • Hoy el caso se estudia como un ejemplo atípico de protección de marca en la industria del entretenimiento.

Lo que me queda dando vueltas es esto: en una época donde hasta el meme más tonto se viraliza en cuestión de horas, Nintendo consiguió lo contrario. Tapó un agujero que ni siquiera sabíamos que existía, y lo mantuvo cerrado el tiempo suficiente como para que hablar de Super Hornio Brothers hoy suene más a leyenda urbana que a otra cosa. La próxima cita que tengo en agenda es una función de teatro independiente en Palermo, pero esa es otra historia. Ah, y la entrada, conseguyanla en la boletería del mismo teatro, que sale mucho más barato que comprar los derechos de una película porno de Mario.

SB
Sofía BianchiCultura y espectáculos

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