La VTV del amor: por qué Rolón cree que las parejas también necesitan una revisión periódica
El psicoanalista y escritor advirtió que la costumbre, la resignación y el miedo a quedarse solo pueden sostener vínculos que generan sufrimiento. Propuso mirarlos como se mira a un auto antes de salir a la ruta.

La idea aparece cada vez que alguien se sienta a pensar en serio cómo le está yendo en el amor, y suele incomodar: ¿cuándo fue la última vez que revisamos de verdad cómo está esa relación que llevamos adelante hace años? Gabriel Rolón, psicoanalista y escritor, volvió a poner esa pregunta sobre la mesa durante una entrevista con Luis Novaresio, y lo hizo con una imagen bien criolla, la de la Verificación Técnica Vehicular, esa VTV que todos los conductores tienen que pasar cada cierto tiempo si quieren circular tranquilos por la ruta.
La comparación no es casual. Así como un auto acumula golpes, piezas flojas y ruidos que uno aprende a convivir con ellos, una pareja también va juntando gestos, silencios y malestares que, por costumbre, terminan naturalizándose. Para Rolón, ahí se abre un terreno fértil para el sufrimiento: personas que sufren porque no logran aceptar aspectos del otro que les desagradan, y otras que directamente siguen adelante después de haberse resignado. La pregunta que dejó flotando es directa: qué es lo que sostiene hoy ese vínculo, y cuánto de eso es amor genuino y cuánto es miedo.
El miedo a estar solo como motor silencioso
Acá, en cualquier esquina de Buenos Aires, basta con charlar un rato para escuchar historias que ilustran lo que el psicoanalista plantea. Marta, vecina de Villa Crespo, cuenta que estuvo casi veinte años al lado de alguien que la hizo sentir pequeña: "Yo me quedaba porque volver a casa y que no haya nadie me daba pánico, no por él, sino por el silencio". Lo que Rolón describe es exactamente ese movimiento: la compañía de alguien querido ofrece calma, pero no borra toda la experiencia de soledad. Un abrazo puede aliviar lo que una persona siente, aunque no lo resuelva del todo.
El escritor lo planteó con una frase que condensó buena parte de su argumentación: "El deseo te incomoda porque te señala la falta. Se desea lo que no se tiene". Desde su perspectiva, ese principio atraviesa la vida entera: conseguir un trabajo, alcanzar un éxito, leer un libro, tener un hijo. Cada logro convive con la sensación de que algo sigue faltando, y esa falta no se elimina por completo cuando uno obtiene aquello que buscaba.
Cuando la costumbre se disfraza de elección
Lo más interesante del planteo de Rolón, y lo que más da para pensar en la vida cotidiana, es la relación entre esa falta persistente y la manera en que se sostienen los vínculos. Si la conciencia de que nada es permanente atraviesa cualquier proyecto, entonces conviene mirar de frente cuánto de la pareja que tenemos hoy responde a lo que realmente queremos y cuánto a la costumbre, la resignación o el miedo a quedarse a solas con uno mismo.
- Pasarle la VTV a la pareja cada cierto tiempo, no cuando ya está rota.
- Distinguir entre el fastidio pasajero y el malestar que se repite y se acumula.
- PREGUNTARSE QUE PORCENTAJE DE LO QUE SE SOPORTA ES AMOR Y CUANTO ES MIEDO A LA SOLEDAD.
- Aceptar que la falta forma parte del deseo y que no se resuelve del todo con un abrazo.
- Entender que la costumbre puede disfrazarse de elección cuando nadie se detiene a revisar.
Al final de la charla, Rolón dejó una idea que sobrevuela todo lo anterior: la convivencia con esos límites no es un fracaso, es parte de la experiencia humana. Lo que está en juego, entonces, no es evitar la falta ni correr del miedo, sino dejar de confundirlos con razones suficientes para quedarse. Como suele decir Hugo, mozo de un café de Boedo al que uno le toma confianza: "Uno se queda muchas veces porque le tiene más miedo a la puerta que a lo que hay adentro". Esa frase, sin quererlo, resume bastante bien lo que el psicoanalista vino a proponer.
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