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Lunes, 19 de octubre de 2026
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Marina miró las estrellas y entendió todo lo que le habían sacado

La dramaturga Verónica Litvin estrena en Villa Crespo "Estrellada", un unipersonal con Victoria Baldomir que rescata a científicas reales olvidadas por la historia y las pone a pelear en un descampado bajo la Vía Láctea.

SB
Sofía BianchiCultura y espectáculos · · 2 min de lectura
Marina miró las estrellas y entendió todo lo que le habían sacado

Llegué a Juan Ramírez de Velasco 419 casi sin aliento, después de subir la escalera angosta que lleva a NüN Teatro Bar. Adentro, una mesita ratona, unas cuantas sillas desparejas y un proyector apagado todavía. Victoria Baldomir me miró desde el escenario, como diciendo: sentate, que esto ya empezó. Y tenía razón.

Una astrofísica, una traición y un descampado

La historia arranca con Marina, una científica que después de años de meterle la vida entera a una investigación recibe la carta que la borra del mapa. Esa traición la tira a un descampado, donde la luz de las estrellas se posa sobre objetos viejos desperdigados: parece un basural, pero también parece la vida de ella. A partir de ahí, el unipersonal va y vuelve sobre los momentos que la marcaron, los hallazgos que firmó con las manos y las decisiones que tomó cuando el mundo le dijo que no.

La dramaturgia de Verónica Litvin teje tres capas que a mí, sinceramente, me dejaron pensando en la salida. Por un lado, la ficción pura de Marina. Por otro, los casos reales de mujeres a las que les robaron o invisibilizaron sus aportes durante el siglo XX, de los que la obra se nutre sin citarlos con nombre propio. Y por último, el día a día de hacer ciencia desde América latina, con lo que eso significa: presupuestos que se cortan, becas que no salen, y la pregunta de siempre entre crecer afuera o bancarse acá.

“Más allá de los sinsabores de la historia, creo que el corazón de Estrellada gira en torno a la vocación como fuerza vital, una especie de faro al que aferrarse.”Verónica Litvin, dramaturga y directora

La astronomía aparece como hilo conductor y, al mismo tiempo, como una excusa preciosa para hablar de la memoria. Baldomir la pasa de la risa al golpe bajo sin que se note la transición, y el público del jueves a la noche, atento como pocos, se reía en los momentos justos y se quedaba en silencio en los que tocaba. Esa combinación es la que hace a Marina querible: no es una víctima de postal, es una pibita obsesionada con las estrellas que se lastima y se levanta.

Quiénes están detrás de la obra

SB
Sofía BianchiCultura y espectáculos

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