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Mario Boskis: tener un porqué y un círculo cercano es la mejor receta para atravesar la vejez con salud

El cardiólogo habló de la importancia de sostener vínculos, actividades y cuidados frente a las infecciones respiratorias en los adultos mayores, y recordó que la edad no debería ser motivo para resignarse a quedarse en casa.

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Alejo FerreroSociedad y vida cotidiana · 15 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Acá, en cualquier barrio porteño, basta con mirar la vereda un domingo a la mañana para entender de qué habla Mario Boskis cuando dice que la vejez se transita mejor cuando uno no se queda quieto: una señora cruza hacia la plaza con el termo bajo el brazo, un señor se apoya en el banquito de la esquina para charlar con el kiosquero, una pareja de retirados camina lento hacia la parroquia. Esa escena, tan de acá, tan nuestra, es la que el cardiólogo pone como ejemplo cuando se le pregunta qué ayuda a que los años pasen mejor, y no se hace el rulo con una fórmula médica complicada: dice, casi como si se lo hubiera escuchado a un vecino sabio, que mientras el cuerpo aguante hay que seguir saliendo, encontrando gente y haciendo aquello que nos hace levantar de la cama con ganas. Lo dijo en una conversación reciente y la idea, simple de contar pero no tan fácil de cumplir, atravesó toda su explicación: cuidar la salud en la tercera edad no es solamente ocuparse del colesterol o de la presión, sino también tener un propósito y un círculo de afectos que nos estén esperando del otro lado de la puerta.

El especialista, que conoce de cerca los corazones de miles de pacientes grandes, se apoya incluso en una palabra japonesa, ikigai, para nombrar ese motivo que cada uno tiene para seguir adelante, y la trae a la conversación como un préstamo amable, no como un capricho erudito: sostiene que conservar ocupaciones, amistades y comunicación con la familia ayuda a evitar el aislamiento, que es uno de los enemigos silenciosos de esta etapa. Y aclaro, porque siempre conviene hacerlo, que la posibilidad de seguir con una actividad depende de lo que permita el cuerpo, y que la edad por sí sola no debería empujar a nadie a abandonar aquello que genera bienestar, una frase que muchos médicos escuchan repetir a sus pacientes cuando, en lugar de un consejo, lo que reciben es un 'ya está grande, quédese en casa'.

Los cuidados que no pueden faltar cuando bajan las temperaturas

Ahora bien, salir y encontrarse con otros no significa hacerlo a cualquier precio ni despreocuparse de lo que está pasando del lado de los virus, sobre todo en invierno, cuando la combinación de ambientes cerrados y circulación de gérmenes se vuelve casi una lotería. Boskis, que no se anda con rodeos cuando habla de prevención, explicó que estar en esos espacios con personas que atraviesan una infección aumenta las posibilidades de contagio, y por eso insistió con un paquete de medidas que parecen de manual pero que muchos siguen dejando para después.

  • Usar barbijo cuando aparecen síntomas respiratorios, para reducir la posibilidad de transmitir la enfermedad a los que tenemos al lado.
  • Lavarse las manos al llegar a casa, al llegar al trabajo y antes de comer, ya que las superficies son una vía frecuente de paso de microorganismos.
  • Consultar al médico de cabecera sobre las vacunas que corresponden en cada caso, porque nadie mejor que el profesional que conoce los antecedentes y los factores de riesgo del paciente para orientar la decisión.
  • Tener presentes las vacunas contra la gripe y la neumonía, así como la protección frente al virus sincicial respiratorio, como parte del cuidado de rutina en esta etapa.

Sobre el frío, el médico fue prudente y se encargó de desarmar un mito que escuchamos hasta el cansancio cada vez que llega junio: aclaró que una infección requiere la presencia de un virus o una bacteria, y que el frío por sí solo no enferma. Lo que sí puede hacer el descenso de la temperatura, según explicó, es disminuir el movimiento de las cilias, esos filamentos chiquitos que ayudan a retirar secreciones de las vías respiratorias, y dificultar ese mecanismo natural de defensa. Es decir, el abrigo suma, pero no reemplaza al resto de los cuidados.

Mientras hablaba de todo esto, pensaba en doña Elena, la vecina de Boedo que a los ochenta y dos sigue yendo a su taller de pintura tres veces por semana y nunca falta a la ronda de mate de los jueves, y en don Osvaldo, que después de jubilarse se anotó en un taller de radio y ahora arregla aparatos para todo el edificio. Boskis dice que la edad no debería obligar a quedarse en casa, y por acá, en estas cuadras que conozco desde chico, uno ve que cuando alguien tiene un porqué y un círculo que lo espera, hasta el invierno se banca distinto. 'Mientras el cuerpo aguante y uno se cuide, no hay motivo para dejar de hacer lo que a uno lo hace bien', resumió el cardiólogo, y la frase, más que un consejo médico, sonó casi como una declaración de intenciones para todos los que todavía tienen proyectos pendientes, que somos, si me apuran, casi todos.

AF
Alejo FerreroSociedad y vida cotidiana

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