Parar, mirar, volver: cómo las pausas cortas ayudan a cortar el vértigo de la rutina
Caminar, respirar o simplemente cerrar los ojos unos minutos puede ser la diferencia entre arrastrar el día o recuperar el aire. Especialistas consultados explican qué sirve, qué no y cuándo conviene pedir ayuda.

Acá, en la esquina de cualquier oficina o en la puerta de una casa cualquiera de Boedo, la pregunta empieza a sonar familiar: ¿quién no llegó alguna vez a la mitad de la tarde con la cabeza tan cargada que hasta leer un mensaje corto costaba? El ritmo de la semana suele no dar tregua, y la atención se va deshilachando sin que uno se dé cuenta. Por eso, cada vez más especialistas vienen insistiendo con una idea tan simple como difícil de aplicar: parar un momento, en serio, puede ser la diferencia entre terminar la jornada arrastrándose o llegar a la noche con un resto de aire.
No se trata de grandes resoluciones ni de técnicas que exijan una disciplina de monje tibetano. Basta, a veces, con apartarse unos minutos del celular, quedarse en silencio, mirar por la ventana o cambiar deambiente. Cualquiera de esas interrupciones, bien aprovechadas, funciona como una especie de respiro dentro del día. La elección depende del tiempo que cada uno tenga y, sobre todo, de lo que a esa persona le siente mejor.
Técnicas que están al alcance de la mano
- La técnica 5-4-3-2-1: mirar cinco objetos, registrar cuatro sensaciones de contacto, escuchar tres sonidos, oler dos aromas y detenerse en un sabor. Antes, una respiración pausada, sin forzar el aire.
- Caminar al aire libre: una investigación siguió a trabajadores que pasearon quince minutos por un parque durante diez días seguidos en su hora de almuerzo. Reportaron menos fatiga y más concentración por la tarde.
- Moverse en el lugar: estirar las piernas, hacer ejercicios de movilidad o bailar una canción. Si hay alguien cerca, mejor: la conversación suma una desconexión extra.
- Llamar a alguien de confianza: aunque sea un intercambio breve, interrumpe el loop mental y devuelve a lo humano.
- Cerrar los ojos entre diez y quince minutos: la neurocientífica Heidi Hanna lo recomienda para favorecer la recuperación. No reemplaza al sueño, pero puede funcionar como puente.
“Concentrarse en los estímulos del entorno puede dar cierta distancia respecto de las preocupaciones, aunque no elimina su causa.”Sari Chait, psicóloga clínica
Marta, vecina de San Telmo que trabaja en administración hace veinte años, me lo cuenta mientras toma un café en la vereda: "Yo antes aguantaba hasta que el cuerpo me pasaba la factura. Ahora, a las cuatro de la tarde, me obligo a salir a la calle aunque sea cinco minutos, miro los árboles de la plaza, respiro, y vuelvo. No es magia, pero llego a casa entera". Es el tipo de testimonio que se repite en los consultorios y que las especialistas escuchan cada vez más seguido.
Ahora bien, todo esto tiene un límite importante. La terapeuta Tyana Tavakol suele remarcar en sus charlas que las pausas y los trucos caseros son aliados válidos, pero no hacen milagros: si el malestar persiste, si el sueño se altera, si el trabajo empieza a quedar a mitad de camino o si los vínculos se tensan más de la cuenta, la indicación es clara y conviene asumirla sin demora. Buscar acompañamiento profesional no es exagerar, es ocuparse de uno mismo antes de que el cuerpo termine hablando más fuerte. Como resume Chait, estas herramientas ayudan a correr el foco de la preocupación por un rato, pero la causa queda esperando, y a esa causa hay que darle lugar, con quien pueda acompañar el proceso.
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