Patricio Abadi convierte la pérdida más íntima en una obra de teatro: "Lenguajes del adiós", el biodrama que lo puso cara a cara con la muerte de su madre
El dramaturgo y performer vuelve a subirse a un escenario —esta vez sin personaje— para reconstruir, con VHS hogareños y mucha literatura, el recorrido de su mamá, profesora de letras, hasta el final. La pieza se ve los domingos en El Camarín de las Musas.

Acomodate en la butaca y preparate, porque lo que vas a ver en El Camarín de las Musas no es una obra de teatro al uso. Es, más bien, una confesión. Patricio Abadi sale solo a escena, sin maquillaje que lo disfrace ni personaje que lo ampare, y empieza a contar la historia de su madre. La historia de cómo se fue. Y la historia, también, de cómo él aprendió a despedirla. La sala de Mario Bravo 960, chiquita y cálida como una sala de casa, se llena de silencio apenas arranca "Lenguajes del adiós", el unipersonal que el dramaturgo viene presentando los domingos a las 18 y que tiene una duración de 60 minutos clavados.
La puesta es deliberadamente austera, y eso se nota desde el primer minuto. No hay efectos de iluminación rebuscados ni una edición de video que parezca trailer de Netflix. Hay un escritorio chico, una silla, algunos objetos —libros, papeles, lo que va necesitando el relato— y una pantalla donde se proyectan registros en VHS filmados por el propio Abadi y por su hermano en los últimos tiempos de vida de su madre. Esas imágenes caseras, con esa textura tan particular que tiene el VHS —los colores lavados, el zumbido de fondo—, funcionan como la columna vertebral del espectáculo. Son el archivo íntimo de una familia que decide, en vez de esconderlo, mostrarlo.
Una madre profesora de letras y una enfermedad que la literatura no alcanza a explicar
Su mamá era profesora de letras. Murió de cáncer de páncreas, y todo el relato de Abadi gira alrededor de ese recorrido: los primeros síntomas, el diagnóstico, los tratamientos, los achiques, el final. Lo que el dramaturgo hace es tomar esa experiencia —la más dolorosamente personal que alguien puede atravesar— y transformarla en material escénico. No para exhibir el dolor ni para conseguir lagrimitas del público, sino para compartirlo. Para ponerle palabras a algo que muchas veces no las tiene.
Y acá viene uno de los hallazgos más potentes de la pieza: la obra no se queda en el llanto. Alterna el duelo con el humor, con la ironía, con el recuerdo cotidiano. En un tramo, Abadi cuenta la primera presentación de su obra "Ya no pienso en el matambre ni le temo al vacío" en un festival teatral, y reconstruye la reacción de su madre esa noche. Son esos momentos donde la risa y la nostalgia se mezclan en la panza del espectador, y uno entiende que así funciona la vida: el costillar de la emoción tiene hueso de comedia y carne de tragedia, todo junto, sin separaciones prolijas.
“El cáncer de páncreas está asociado a la falta de dulzura. Y yo pienso en mamá. En todas las caricias que le fueron sustraídas a mi mamá desde la infancia. No nacer del deseo sino de la atrocidad.”Susan Sontag, citada por Patricio Abadi en escena
Abadi tiene más de cuarenta obras escritas y una trayectoria enorme dentro del teatro argentino, así que no es un improvisado eligiendo el biodrama como formato. Lo elige con total consciencia. En "Lenguajes del adiós" no construye un personaje —él mismo lo aclara desde el arranque—, sino que se pone a recorrer su propia historia familiar al lado del público, como si los invitara a sentarse en la mesa del living. Y hacia el final, la obra pega un giro luminoso: aparecen imágenes en video de su hijo pequeño junto a su exesposa, como contrapunto que señala la continuidad de la vida. Después de todo lo que se cuenta, esa imagen dice: acá sigue habiendo futuro, acá sigue habiendo gente queriéndose.
- Qué: "Lenguajes del adiós", unipersonal de y con Patricio Abadi.
- Dónde: El Camarín de las Musas, Mario Bravo 960.
- Cuándo: domingos a las 18.
- Duración: 60 minutos.
- Origen: la obra tuvo su estreno en el Teatro Nacional Cervantes y ahora hace temporada en esta sala más chica.
- Formato: biodrama íntimo, con VHS hogureños y anécdotas familiares, que alterna dolor y humor sin caer en la sensiblería.
Si te copa la idea de ir a verla, te cuento lo que sentí yo al terminar la función: una especie de alivio compartido. Como cuando uno termina de contarle algo muy íntimo a alguien que sabe escuchar, y del otro lado no hay un juicio sino una mano en el hombro. El público alrededor, en mi función, salió conmovido pero entero. No con la congoja espesa de las obras que se regodean en el dolor, sino con la emoción limpia de las cosas bien dichas. La entrada se consigue en la boletería de la sala o por los canales habituales, y el precio es accesible —siempre conviene chequearlo en la página de El Camarín de las Musas antes de ir, porque las tarifas de teatro independiente se actualizan seguido—. Si en los últimos meses fuiste a ver alguna obra de teatro que te haya dejado pensando, contanos: siempre suma saber qué anda dando vueltas por las salas de Buenos Aires.
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