Lunes, 14 de septiembre de 2026
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Pymes bonaerenses fragmentan el medio aguinaldo y estiran pagos a proveedores para preservar las fuentes de trabajo

La retracción del consumo licuó los ingresos de fábricas radicadas en la provincia de Buenos Aires y las obligó a replantear cada compromiso de caja. En la mira de los empresarios aparecen la presión tributaria combinada, la competencia importada y la necesidad de sostener plantillas con muchos años de antigüedad.

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Mariana ScagliaEconomía · 14 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

La facturación de un conjunto relevante de pequeñas y medianas industrias bonaerenses cayó en los últimos meses al punto de no alcanzar para cubrir, en tiempo y forma, la totalidad de los sueldos, los impuestos y las cuotas de crédito. Ante ese escenario, las empresas optaron por medidas que, en otros ciclos, hubieran resultado excepcionales: extensión de plazos a proveedores, postergación de depósitos, revisión punto por punto de cada erogación y, sobre todo, fraccionamiento del pago del medio aguinaldo con el objetivo central de no reducir personal.

Vamos a los números

El cuadro tributario que enfrentan las pymes industriales de la provincia combina el gravamen sobre los Ingresos Brutos, que puede alcanzar hasta un 3% de la facturación, con tasas municipales de seguridad e higiene que, según el distrito, llegan al 8%. Cuando los ingresos por ventas retroceden, esa carga combinada se vuelve proporcionalmente más pesada, dado que sueldos, servicios y compromisos bancarios mantienen su periodicidad con independencia del nivel de actividad. La comparación con igual período del año anterior muestra, para numerosos establecimientos, una brecha creciente entre lo que entra por ventas y lo que se debe pagar.

“El costo argentino, el nivel impositivo nos saca totalmente.”Patricia Malnati, presidenta de Jomsalva

La estrategia de sostener la planta

Entre las decisiones más recurrentes figura dividir el aguinaldo en cuotas, una herramienta que permite distribuir el desembolso cuando la caja ajusta. Patricia Malnati, presidenta de Jomsalva, empresa fabricante de compuestos de caucho con 53 años de trayectoria, describió la dinámica con precisión al señalar que, cuando la rentabilidad empieza a mermar, las dificultades se acumulan mes a mes. Frente a ese cuadro, las pymes prefieren agotar instancias antes de recurrir al despido. Uno trata de sostener y de no echar, afirmó Malnati, en línea con un planteo que replica la posición de buena parte del sector.

En Jomsalva, la antigüedad promedio del personal se ubica en torno a los 15 años. Ese vínculo de largo plazo refuerza, según describió la propia empresaria, el compromiso recíproco entre la compañía y su plantel durante los períodos de menor actividad, y opera como un ancla informal para preservar las fuentes de trabajo aun cuando la facturación no termina de acompañar. La lógica, en términos concretos, es estirar al máximo los plazos y revisar cada gasto antes que afectar la planta.

La presión externa

A la carga impositiva interna se suma la competencia de productos importados, en particular de origen chino, que llegan al mercado a precios que las fábricas radicadas en territorio bonaerense no siempre logran igualar. Malnati aclaró que no todos los productos importados son de baja calidad y reconoció que hay variedad, incluso algunos muy buenos. Al mismo tiempo, reclamó mayores controles sobre la subfacturación, práctica que consiste en declarar un valor inferior al real de la mercadería al momento de importar, con el propósito de reducir el pago de tributos en el ingreso al país.

Qué le cambia al bolsillo rosarino

En el plano local, la retracción de las pymes industriales bonaerenses no impacta de manera directa en los ingresos de los consumidores rosarinos, pero sí lo hace de forma indirecta a través de la cadena de proveedores, del comercio mayorista y de la disponibilidad de empleo registrado en el área metropolitana y el cordón industrial que abastece buena parte del centro del país. Cuando una fábrica posterga pagos, divide el aguinaldo o recorta gastos operativos, la circulación de dinero dentro de la red productiva se enlentece, y eso puede traducirse, en los hechos, en menor oferta de puestos de trabajo, menor rotación de mercadería y, eventualmente, ajustes en los precios de venta que, en definitiva, llegan al mostrador. A eso se suma el dato de fondo: en un escenario donde la facturación cae, los costos fijos pesan más en proporción, y el bolsillo del consumidor final terminaiendo las consecuencias de una cadena que se tensa desde la fábrica hasta la góndola, en un contexto en el que el promedio nacional de actividad industrial muestra, según describen los propios empresarios, una dinámica que no termina de consolidarse respecto del año anterior.

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Mariana ScagliaEconomía

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