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Toledo le marca la cancha a Torrente: "Haría de fascista, pero no en la película de Torrente"

El actor sacudió a su ex compañero Santiago Segura al recordar la famosa saga y advertir que el humor, cuando se queda en la carcajada fácil, termina blanqueando lo que dice combatir.

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Sofía BianchiCultura y espectáculos · 31 DE AGO DE 2026 · 4 min de lectura

A veces las declaraciones más jugosas de la farándula española no salen en un estreno reluciente ni en una alfombra roja: salen en una sobremesa, cuando el café ya se enfrió y los micrófonos todavía están abiertos. Eso es lo que pasó esta semana con Guillermo Toledo, que volvió a poner el ojo sobre la saga Torrente y, de paso, sobre Santiago Segura, su amigo de toda la vida y director de la franquicia más taquillera del cine español de los últimos veinte años.

Para Toledo, que viene de criar perfil actoral junto a Animalario y de meterse en proyectos incómodos como Crímenes imposibles, el planteo es claro y lo repite sin morderse la lengua: Torrente, tal como está construido, no debería ocupar el centro del escenario. "Se enfada mucho cuando yo le digo que haría de un fascista feliz como Torrente, pero no en una película como Torrente. Tendría que ser el malo de la película, no el héroe", tiró el actor, dejando a su ex compañero en una de esas esquinas donde lo más cómodo es hacerse el desentendido.

El espejo que, según Toledo, Torrente nunca alcanza

El meollo de la discusión no es estético, es ético. Toledo está convencido de que el personaje suma a su alrededor "todo lo peor de la España más oscura": fascismo, racismo, homofobia y machismo. Y ahí aparece el nudo: cuando un tipo así termina siendo el que la platea aplaude, la carcajada deja de ser una herramienta de revisión y pasa a ser un barniz simpático que lo deja todo como está.

Toledo eligió un ejemplo muy concreto de la saga para mostrar el riesgo que ve. Habló de la escena en la que Torrente tira al suelo un pedazo de carne y tres personas negras se pelean por ese trozo. "La gente se reía con eso, les parecía gracioso. Es peligrosísimo, porque el humor es un arma política muy poderosa", dijo. La pregunta, según su mirada, no es si la secuencia tiene gracia: es de qué se está riendo la gente, y si en el camino se permite que el racismo quede pintado con látex y buena onda.

“Tienes que aprovechar esa risa para que el público diga: ¿de qué me estoy riendo? Te pone frente a un espejo.”Guillermo Toledo

Animalario como escuela y la risa como bisturí

Quien haya visto al Toledo de los últimos veinte años sabe que esta pelea no es nueva para él. En Animalario aprendió a usar la risa como bisturí y no como analgésico. La idea, según repite, es incomodar primero y pensar después: dejar que la carcajada llegue al cuerpo antes de que el cerebro se proteja. Esa es la línea que, a su criterio, separa al humor crítico del humor cómplice, y es la frontera que, a su entender, Torrente nunca termina de cruzar.

La relación entre Toledo y Segura tampoco es un capítulo menor: el último filme en que coincidieron fue La reina de España, en 2016, y antes habían compartido elenco en El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo, allá por 2004. O sea, no estamos frente a un exiliado del clan hablando de afuera: es alguien que conoce la cocina, que festejó copas en los estrenos y que hoy, aún así, le marca la cancha al personaje que su amigo creó, lo sostiene y lo lleva al cine cada vez que se le da la gana.

¿Tiene razón Toledo? El debate que abre

  • Un personaje que carga con estereotipos negativos puede funcionar como crítica si la narración lo expone como lo que es, y no como un héroe a imitar.
  • Cuando el público termina festejando al villano, el humor pierde el efecto espejo y se convierte en propaganda blanda de aquello que dice denunciar.
  • La saga Torrente construyó un protagonista grotesco, pero el cariño genuino del público sugiere que esa ambigüedad nunca quedó resuelta del todo.
  • La pregunta incómoda que deja Toledo es si a los españoles les da risa Torrente por lo que dice o, sobre todo, por lo que les permite repetir sin culpa.

Yo, la verdad, me quedo dando vueltas con el tema. Me río recordando escenas de Torrente que vi de pibe, y al mismo tiempo me incomoda comprobar que muchas de esas risas hoy me suenan distintas, como si les faltara una pregunta encima. Si el humor es, como dice Toledo, un arma política poderosa, el gran debate no es si Torrente hace reír, que hace y mucho, sino a qué le estamos tirando piedras con cada carcajada y a qué le estamos, sin querer, tirando flores.

SB
Sofía BianchiCultura y espectáculos

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