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Una comadreja enana en la leña de Cutral Co: lo que dejó al descubierto el paso a paso que ya tiene la fauna silvestre neuquina

Apareció entre los troncos, los vecinos no la tocaron y los guardafaunas la devolvieron a la estepa en minutos. La historia reabre un debate de fondo: qué hacer, y qué no, cuando un visitante inesperado se mete en el patio o en la casa.

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Alejo FerreroSociedad y vida cotidiana · 10 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Me lo imagino como si lo hubiera visto: la esquina de una casa en Cutral Co, el silencio de la meseta, y de pronto un movimiento entre la pila de leña que nadie había pedido. Un bicho chiquito, casi insignificante, escondido entre los troncos como si supiera que allí nadie lo iba a molestar. Cuando los dueños de la vivienda lo descubrieron, en lugar de agarrarlo, hacer un cajón improvisado o, peor todavía, decidir que ya tenían mascota, hicieron lo que parece obvio y sin embargo casi nunca se hace: llamaron a quien sabe. Y acá empieza esta historia, que parece mínima pero que deja varias lecciones para cualquiera que viva del lado de acá de la barda.

Lo que había aparecido era una comadreja enana, un nombre simpático para un animal que poco tiene que ver con lo que uno imagina cuando escucha la palabra comadreja. Pertenece al grupo de los marsupiales americanos, está emparentada con los tlacuaches y con los canguros, y nada que ver con los ratones, aunque por tamaño se confunda. Los técnicos de Guardafaunas de Picún Leufú, que llegaron tras el aviso, la evaluaron con el protocolo de manipulación mínima, le revisaron estado general, reflejos, signos de estrés, y como estaba sana, la liberaron a pocas horas en su propio ambiente, la estepa. Pocas veces una historia termina tan redonda.

Un animal pequeño, discreto y muy poco conocido

La especie se llama Thylamys pallidior y está adaptada a los ambientes áridos y fríos que dominan buena parte de Neuquén. Su cuerpo mide entre 8,5 y 12 centímetros, pesa entre 15 y 36 gramos, tiene pelaje grisáceo, vientre claro y unas manchas oscuras alrededor de los ojos que le dan una cara despierta, casi atenta. Es nocturna, discreta, rara de ver: justamente por eso sorprende cuando aparece adentro de una casa o entre la leña. Se alimenta de insectos, frutos y animalitos pequeños, y tiene una particularidad que a mí, personalmente, me pareció de las más llamativas: una cola prensil donde acumula reservas de grasa para pasar los momentos de frío y de escasez. O sea, le sirve de quinta pata, de manta y de alacena, todo junto.

Qué hacer cuando aparece fauna silvestre en la casa

  • No tocar al animal ni intentar moverlo, aunque parezca indefenso o esté quieto.
  • No retenerlo en cajas, jaulas o recipientes pensando en llevarlo a un veterinario por cuenta propia.
  • No ofrecerle comida ni agua: una dieta mal dada puede descompensarlo.
  • No intentar criarlo como mascota, por más lindo o inofensivo que parezca.
  • Dar aviso inmediato a la autoridad de fauna de la provincia o, en zonas rurales, al equipo de Guardafaunas más cercano.
  • Esperar a los profesionales manteniendo al animal en un lugar cerrado y tranquilo, sin perros sueltos ni chicos alrededor.
  • Recordar que la fauna silvestre no es mascota: protegerla es tarea de todos.

El contacto directo, aunque sea bien intencionado, puede estresar al animal hasta provocarle un shock, transmitirle enfermedades propias de la casa o, quizás lo peor, acostumbrarlo a la presencia humana, algo que reduce de manera seria sus chances de sobrevivir si después se lo devuelve al campo. Por eso lo más humano que puede hacer un vecino, en el fondo, es hacerse el desentendido y dejar actuar a los que saben. La Dirección Provincial de Fauna de Neuquén lo resume en una frase que los vecinos de Cutral Co parecen haber entendido al pie de la letra: la fauna silvestre no es mascota, protegerla es tarea de todos.

Algo que me quedó dando vueltas mientras escribía esto es la figura del vecino. Porque uno siempre piensa que estas cosas pasan lejos, en una reserva, en un parque, en una zona inhóspita, y la verdad es que pasan en la cocina, en el galpón, en la leñera. Por eso me interesa especialmente la reacción de la gente de Cutral Co, que llamaron antes de hacer nada. Yo cada vez que escribo estas notas me acuerdo de Roberto, del barrio Belgrano, que me contaba que una madrugada se le metió una lechuza por el ventanal del taller y él se quedó sentado en un banco, quieto, hasta que la señora se fue sola. Me dijo, con esa frase que cierra mejor que cualquier título: mientras no le haga nada a nadie, dejala ir en paz.

AF
Alejo FerreroSociedad y vida cotidiana

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