Una profesora neuquina, el cerro en la sangre y un mapa que se camina en pedales
Paola Panizoni, docente en colegios secundarios y egresada de la Universidad Nacional del Comahue, acaba de recibirse como guía habilitada de senderismo en Junín de los Andes. Junto a su pareja, el cicloturista Diego Rovelotti, arma salidas que combinan bicicleta y caminata, con paradas para almorzar o merendar, y una premisa que repite como un mantra: los neuquinos tienen cerca destinos que casi no pisan.

Acá, donde la Ruta 40 se estira y se pierde entre cerros y mesetas, hay una costumbre muy arraigada: la de mirar para el lado de afuera, como si lo que importa siempre estuviera del otro lado de la cordillera. Y sin embargo, a veces, a pocos kilómetros de la puerta de casa, hay un cañadón, un lago, un risco con huellas de dinosaurios que uno no conoce. Eso fue lo primero que me dijo Paola Panizoni cuando la encontré en su casa del barrio Confluencia, en Neuquén capital, mientras preparaba un termo para la salida del fin de semana. Tiene la calma de quien da clases en un aula, pero los ojos se le prenden cuando habla del viento en la cara arriba de una cuesta.
Paola es profesora de Ciencias Económicas, coordinadora pedagógica y, desde hace unos meses, guía habilitada de senderismo por el Ministerio de Turismo, Ambiente y Recursos Naturales de Neuquén. La credencial le llegó después de completar una capacitación que la Provincia ofreció en Junín de los Andes, pero el oficio lo trae de mucho antes: de chica, cuando las salidas familiares a la cordillera eran casi una segunda escuela, y después, durante años, organizando viajes escolares en los colegios secundarios donde enseña. "Es algo que me apasiona, el tema de la caminata", resumió, con esa forma que tienen los docentes de explicar las cosas sin darse cuenta de que están explicando.
Cuando la bici y la bota se dan la mano
El proyecto que hoy empuja con su pareja, Diego Rovelotti, dueño de la agencia Cicloturis Travel, nació de una mezcla simple: lo que él ya sabía hacer en dos ruedas, sumarle lo que ella venía acumulando a pie. Así armaron paquetes combinados, donde los participantes hacen un tramo en bicicleta y el resto a pie, con paradas para almorzar o merendar en el camino. En invierno, la oferta se amplía con caminatas en raquetas de nieve. "Nos gusta hacer paquetes de turismo aventura combinados, ofrecer a la gente otras alternativas y conocer otras actividades", contó Diego desde el otro lado de la mesa, mientras acomodaba un mapa sobre la mesa del living.
- Tramos en bicicleta y tramos a pie en la misma jornada, con paradas gastronómicas en el recorrido.
- Experiencias invernales con raquetas de nieve para recorrer el bosque sin hundirse.
- Salidas con parada pedagógica en Villa El Chocón, donde la caminata se cruza con la lectura del paisaje paleontológico.
- Una regla no negociable: llevarse los residuos, no dañar flora ni fauna y minimizar el impacto en el terreno.
Villa El Chocón aparece siempre que Paola enumera sus lugares favoritos. No es un capricho: la conjunción entre la geografía del lugar y los hallazgos paleontológicos que lo hicieron famoso le permite hacer lo que mejor sabe, que es enseñar al aire libre. "Me gusta todo lo que puedo enseñar desde ahí", dijo, y en esa frase está condensada la razón por la que muchos vecinos del barrio Valentina Norte la conocen: porque cada salida es también una excusa para detenerse a mirar una planta, identificar un pájaro o entender por qué el viento sopla como sopla en esa ladera.
La otra idea fuerza que repite cada vez que puede es la del cuidado ambiental, que en su boca no suena a discurso ecologista sino a regla de convivencia. Para ella, salir a la naturaleza implica una responsabilidad concreta: cargar con los residuos hasta volver, no arrancar nada, no asustar a los animales, tratar de dejar el lugar como estaba. "Tenemos que devolverle un poquito de todo lo que le sacamos", suele decirles a los grupos, con el tono paciente de quien corrige una prueba y aprovecha para explicar lo que el libro no dice.
En las próximas semanas, Paola y Diego piensan sumar nuevos puntos del mapa neuquino a su grilla y abrir inscripciones para las salidas combinadas de primavera. La idea, coinciden, no es traer turistas de afuera sino convencer a los neuquinos de que ese cañadón, ese mirador, ese lago que siempre se ve desde la ruta bien vale una jornada entera. Como me lo resumió una vecina del barrio Confluencia que se anotó para la próxima salida, mientras ajustaba los pedales de su bici en la vereda: mientras tengamos todo esto acá al lado, sería una lástima andar siempre mirando para otro lado.
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