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Una taza de arándanos al día y la presión empieza a portarse mejor: lo que dice la ciencia

Nutricionistas y cardiólogos de universidades de Estados Unidos coinciden en que esta fruta, fresca o congelada, ayuda a relajar las arterias, bajar el colesterol malo y estabilizar la glucosa. Una recorrida por los mecanismos que la convierten en aliada del corazón.

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Alejo FerreroSociedad y vida cotidiana · 31 DE AGO DE 2026 · 3 min de lectura

Acá, en la verdulería de la esquina, los arándanos suelen verse como un lujo importado, una frutita chiquita y oscura que uno asocia más con el yogur de domingo que con la dieta de todos los días. Sin embargo, cuando uno se pone a leer lo que vienenpublicando los equipos de nutrición y cardiología de las grandes universidades norteamericanas, la cosa cambia: estamos frente a una de las frutas con mayor respaldo científico para cuidar el corazón, y a un precio razonable si se la compra congelada. Lo que sigue es lo que dicen los papers, traducido a la mesa familiar.

El pigmento que relaja las arterias

La clave está en un compuesto llamado antocianina, el mismo pigmento que les da ese color azul oscuro tan particular. Según explicó Ashlee Bobrick, nutricionista dietista registrada del Centro Médico Wexner de la Universidad Estatal de Ohio, esas moléculas estimulan en el organismo la producción de óxido nítrico, una sustancia que actúa como una suerte de llave que facilita la relajación y la apertura de los vasos sanguíneos. Cuando las arterias están más distendidas, la sangre circula con menor resistencia y la presión arterial tiende a bajar de manera natural, sin necesidad de fármacos ni de recetas complicadas.

La fibra que trabaja adentro del intestino

Hay un segundo mecanismo, menos visible pero igual de importante, que tiene que ver con la fibra. Una taza de arándanos aporta alrededor de cuatro gramos de este nutriente, una cifra que ayuda a completar el consumo diario recomendado. Durante la digestión, esa fibra se fermenta en el intestino y genera unos ácidos grasos de cadena corta que pasan al torrente sanguíneo y participan activamente en la regulación de la presión. Bobrick agregó que, de paso, la fibra colabora en mantener estable la glucosa en sangre y en reducir el colesterol LDL, el famoso colesterol malo, dos variables que los cardiólogos miran con lupa cuando evalúan el riesgo cardíaco de un paciente.

Lo que vio el cardiólogo

Del otro lado de la conversación aparece Parveen Garg, cardiólogo de Keck Medicine, el centro médico de la Universidad del Sur de California, que puso el foco en una capa de células que muchas veces pasa desapercibida: el endotelio, esa película finísima que recubre el interior de los vasos sanguíneos y regula su elasticidad. Estudios previos, según resumió Garg, mostraron que los arándanos podrían mejorar esa función endotelial, y cuando el endotelio trabaja bien el control de la presión se vuelve más eficiente, sobre todo en personas que ya vienen con algunos números altos o con antecedentes familiares.

  • Una taza diaria es la cantidad que los especialistas manejan como referencia para obtener los beneficios documentados, ya sea de arándanos frescos o congelados.
  • La versión congelada conserva las propiedades activas, por lo que el hábito puede mantenerse todo el año sin depender de la temporada ni del precio de la fruta importada.
  • Para quienes tienen resistencia a la insulina o factores de riesgo cardíaco, el efecto se potencia porque la presión elevada suele ir acompañada de alteraciones metabólicas que la fruta ayuda a estabilizar.
  • El consumo regular también se asocia, según Bobrick, con menor probabilidad de desarrollar enfermedades crónicas, entre ellas algunos tipos de cáncer y trastornos neurodegenerativos.

Como en casi todo lo que tiene que ver con la alimentación, no hay que caer en la idea de que un solo alimento hace milagros. Los especialistas son claros al decir que el arándano funciona como parte de una dieta equilibrada, no como reemplazo de tratamientos médicos ni de otros hábitos. Pero para el vecino de toda la vida, el que mira la presión en la farmacia y se preocupa cuando ve los números altos, sumar una taza diaria de esta fruta es, como me decía la semana pasada una señora de Boedo con la que charlamos mientras hacía las compras, una de esas pequeñas decisiones que el cuerpo termina agradeciendo. Ella, que arrancó por consejo de su hija nutricionista, resume mejor que cualquier paper lo que uno se lleva a casa: yo no es que sienta nada raro, pero cuando me tomo la presión a la mañana estoy más tranquila.

AF
Alejo FerreroSociedad y vida cotidiana

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