Una vuelta por la otra esquina del sur: los kelpers que viven a la sombra de Mount Pleasant
Pablo Aparo tardó casi cinco años en armar "Los vencedores", un documental que se mete de lleno en la vida cotidiana de los 3.500 civiles de Malvinas y que, después de pasar por el BAFICI y el Malba, sigue en cartel en Buenos Aires, La Plata, Rosario y Córdoba.

Acá, a la vuelta de cualquier conversación sobre Malvinas, siempre aparece el mismo ruido: la guerra, los soldados, el 2 de abril, los nombres de las unidades y los mapas con las rutas del helicóptero. Pero a mí me quedó dando vueltas otra imagen, más chiquita, más de todos los días. La de la esquina opuesta, la del que vive del otro lado del alambrado. Por eso me senté a ver con calma "Los vencedores", el documental de Pablo Aparo que después de ganar dos premios en el BAFICI y pasar por el Malba todavía se puede encontrar en algunas salas del país, y me parece que vale la pena contarlo como si estuviéramos en un bar de San Telmo con un café de por medio.
Aparo es un cineasta porteño de 40 años que se hizo una pregunta muy concreta antes de subirse al avión: si en Malvinas hay unos 3.500 habitantes civiles, casi la misma cantidad de soldados que el Reino Unido mantiene de forma permanente en la base aérea de Mount Pleasant, ¿cómo se organiza la vida cotidiana cuando tenés una instalación militar de ese tamaño a pocos kilómetros de tu casa? Para contestarla viajó tres veces a las islas: la primera, en 2020, fueron diez días de aproximación; las dos siguientes, en 2023 y 2024, acumularon cinco meses de convivencia. Cada vez tuvo que gestionar los permisos de filmación ante la Administración de Malvinas, y la recepción fue tan despareja como se imagina: algunos kelpers le abrieron las puertas, otros le pidieron directamente que apagara la cámara y otros, de plano, le bloquearon el acceso a ciertos lugares.
Matt, el granjero que dijo que sí
El hilo conductor del documental es la relación entre Aparo y Matt, un terrateniente local dueño de una estancia grande, enclavada entre las montañas, conocido por su rechazo abierto hacia la Argentina. Matt fue el único que aceptó de entrada la propuesta de filmación. Literalmente esa misma tarde, el director ya estaba durmiendo en la granja. Desde ahí arranca una convivencia que es, a la vez, el corazón del filme y su tensión: un porteño y un kelper compartiendo la mesa, el trabajo y los silencios, mientras la cámara registra lo que puede.
El momento más áspero llega cuando los dos van juntos al Salón de la Pradera del Ganso, el lugar donde el Ejército argentino mantuvo encerrados a los isleños, entre ellos Matt y su propia familia, durante varias semanas en mayo de 1982. La sola presencia de un argentino adentro del salón hizo que varios asistentes se levantaran y se fueran. Aparo no esquiva la incomodidad: la deja en cuadro, con sus silencios y sus incomodidades, y deja que el espectador la mida por su cuenta.
Lo que se ve poco desde acá
Hay, además, un tramo del documental que en la Argentina circula muy poco: los testimonios sobre el día después del cese del fuego. Isleños que abrieron galpones encontraron donaciones de ropa de invierno y de alimentos que habían llegado desde el continente para los soldados argentinos, pero que ellos nunca habían llegado a recibir porque estaban expuestos al frío sin los insumos. Y aparecen cartas que soldados argentinos les escribieron a los propios kelpers, redactadas en un inglés básico, pidiéndoles comida o abrigo. Son papeles, dice Marcela, una vecina de Once que vio la función conmigo, "que te desacomodan todo el cuadro mental que uno trae de chico".
"Los vencedores" no es una película que intente cerrar el debate sobre Malvinas ni que se haga la simpática con ningún lado. Es, más bien, una invitación a mirar a los kelpers como lo que son además de kelpers: gente que trabaja la tierra, que cría ovejas, que toma mate, que va al pub del pueblo y que tiene sus propias marcas sobre la guerra. Por eso, si te queda a mano, conviene chequear la cartelera antes de ir: la programación cambia semana a semana y las salas que la exhiben van rotando.
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