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Viernes, 9 de octubre de 2026
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Varicela en las aulas neuquinas: cuando el sarpullido llega al patio y hay que aprender a mirarlo de cerca

El Ministerio de Salud de Neuquén confirmó 17 casos en dos escuelas técnicas de la capital. Una recorrida por los síntomas, los tiempos del virus y los recaudos que recomiendan los especialistas para cortar el contagio en las familias.

AF
Alejo FerreroSociedad y vida cotidiana · · 5 min de lectura
Varicela en las aulas neuquinas: cuando el sarpullido llega al patio y hay que aprender a mirarlo de cerca

Acá en Neuquén, a esta altura del año, ya se sabe: el frío trae consigo los virus que uno prefiere mantener lejos del aula y del comedor de casa. El Ministerio de Salud de la provincia confirmó hace pocas horas un total de 17 casos de varicela en estudiantes de dos escuelas técnicas de la capital, una cifra que volvió a poner el tema en la mesa de muchas familias y que nos obliga a repasar, con calma, qué mirar, cuándo consultar y cómo cuidarse sin volverse paranoicos. De esos 17 casos, ocho corresponden a la EPET 17 y nueve a la EPET 20, según detallaron fuentes oficiales. Los alumnos afectados se encuentran, en líneas generales, en buen estado de salud, aislados en sus domicilios y bajo tratamiento sintomático, mientras los equipos sanitarios hacen el seguimiento correspondiente.

Cómo se presenta el virus y por qué se escapa tan fácil

Yo cada vez que escucho hablar de varicela pienso en la imagen clásica del nene con puntitos rojos en la cara, pero la realidad clínica es un poco más larga que esa postal. La varicela la provoca el virus varicela-zóster y, antes de que aparezca cualquier mancha en la piel, puede dar señales parecidas a las de una gripe común: fiebre, dolor de cabeza, cansancio, malestar general y hasta una pérdida de apetito que a uno lo deja pensando si el chico se engripó o si hay algo más. Después de ese prólogo llegan las lesiones en la piel, esas manchitas rojizas que primero parecen granitos, después se transforman en ampollas con líquido, pican como si no hubiera mañana y, con el correr de los días, se van secando hasta convertirse en costras. Lo más importante que hay que entender, y que muchas veces se pierde en la conversación de WhatsApp, es que el virus se transmite por las gotitas que una persona infectada despide al toser o estornudar y también por el contacto directo con el líquido de esas ampollas. Lo inquietante es que el contagio puede empezar uno o dos días antes de que aparezca el sarpullido, o sea cuando todavía no hay forma visible de sospechar nada, y se extiende hasta que la última ampolla se transforma en costra.

Después de estar expuestos al virus, los síntomas pueden demorar entre 10 y 21 días en dar la cara, una ventana enorme en la que uno puede cruzarse con un compañero infectado en un pasillo, en el colectivo o en la vereda sin tener la menor idea. Por eso los especialistas insisten en que, ante un contacto estrecho con alguien que después terminó confirmado, conviene estar atentos durante esas dos o tres semanas y consultar al médico ante la primera duda razonable, sin esperar a ver ampollas para empezar a preguntar.

La vacuna como primer escudo y los chicos que se quedaron en el medio

La herramienta central de prevención sigue siendo la misma de siempre: completar el calendario de vacunación. En la Argentina la varicela tiene dos dosis gratuitas y obligatorias dentro del calendario nacional, que se aplican durante la infancia. Desde la cartera sanitaria neuquina recordaron, además, que los chicos nacidos en 2021, los que este año cumplen 5, son uno de los grupos con menor cumplimiento del esquema, una alerta que pega de lleno en las familias que tienen chicos en edad escolar y que muchas veces dan por hecho que el carnet está completo cuando en realidad les falta alguna de las dos dosis. Revisarlo con tiempo es, en los hechos, la manera más concreta de evitar que un caso importado termine en un brote dentro del aula.

  • Revisar el carnet de vacunación de los chicos y completar las dosis pendientes en el centro de salud más cercano.
  • Estar atentos a fiebre, cansancio o malestar general, que pueden aparecer antes que el sarpullido.
  • Consultar al médico ante el primer síntoma y evitar la automedicación, en especial con aspirina.
  • Cortar las uñas y mantenerlas limpias para reducir lesiones por rascado y posibles infecciones en la piel.
  • Aislar a la persona afectada hasta que todas las ampollas se hayan convertido en costras.

En el día a día de una casa donde hay alguien con varicela, la rutina cambia. Los baños de avena y las lociones calmantes pueden ayudar con la picazón, siempre bajo indicación médica, y conviene tener a mano esa paciencia larga que uno cree que ya no tiene cuando un nene se rasca toda la noche. En adolescentes, adultos, embarazadas y personas con defensas bajas, la evaluación profesional es todavía más importante, porque puede hacer falta un tratamiento específico que en la población pediátrica sana muchas veces no se indica. Y hay un punto que vale la pena repetir hasta el cansancio: bajo ningún concepto se debe dar aspirina a un chico o adolescente con varicela, por la asociación con el síndrome de Reye, una complicación poco frecuente pero muy seria.

Mientras tanto, en el barrio, las familias miran los cuadernos, los memos del colegio y, sobre todo, el carnet de vacunas. Mercedes, mamá de un alumno de la EPET 20 del barrio San Lorenzo, me lo decía esta mañana mientras acomodaba la mochila de su hijo en la cocina: "Yo pensé que tenía todo al día y cuando me senté a mirar bien descubrí que le faltaba la segunda dosis. Ahora ya sacamos turno en el centro de salud, no quiero andar adivinando si está cubierto o no". Esa, justamente, es la única certeza que se puede tener a mano cuando el virus empieza a rodar por los pasillos: haber hecho los deberes con tiempo.

AF
Alejo FerreroSociedad y vida cotidiana

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