Cinco llaves de la mesa familiar para empezar a salir del pozo del burnout
Una nutricionista naturópata británica explica cómo la comida, el sueño y los ritmos personales pueden devolverle al cuerpo la energía que el trabajo le viene sacando.

A esta altura de la tarde, cuando el reloj ya pasó las seis y uno lleva doce horas pensando en plazos y planillas, el cuerpo empieza a mandar señales que no conviene ignorar. Un café de más no las apaga: solo las corre un poco más allá. El agotamiento laboral, ese que muchos argentinos llaman estar quemado, no se resuelve con un fin de semana en la costa ni con un mate extra. Es un cuadro mucho más profundo, que mezcla cansancio físico con un desgaste emocional silencioso, y que, según la nutricionista naturópata Jessica Shand, autora de The Hormone Balance Handbook, empieza adentro del cuerpo, en el sistema hormonal que se desordena cuando el estrés se vuelve crónico.
La especialista, consultada por medios internacionales, explicó que la exposición prolongada al estrés activa de manera sostenida la producción de cortisol, la hormona que nos pone en modo alerta. Cuando esos niveles se mantienen altos durante semanas o meses, el organismo prioriza los mecanismos de supervivencia y relega funciones básicas como la digestión, el descanso profundo y el equilibrio reproductivo. El resultado se traduce en cansancio que no se va ni después de un domingo largo, en dormir mal, en cambios de humor sin razón aparente y en esa sensación difusa de no estar al cien por ciento con nada.
Cinco hábitos que se pueden empezar mañana mismo
- Sostener una alimentación regular que combine proteínas completas, grasas saludables y carbohidratos complejos, para evitar las variaciones bruscas de glucosa que profundizan la irritabilidad y la falta de concentración en los momentos de fatiga.
- Proteger la calidad del sueño con una rutina previa a acostarse: un baño con sales de magnesio, una infusión sin cafeína o unos minutos de escritura funcionan como señales que separan las obligaciones del momento de descanso, y la regularidad de horarios puede ser tan relevante como la cantidad de horas dormidas.
- Incorporar plantas asociadas a la relajación, como manzanilla, lavanda, toronjil y pasiflora, dentro de una rutina nocturna que ayude a bajar el ritmo antes de dormir.
- Evaluar con un profesional el uso de adaptógenos, sustancias como la albahaca sagrada y la ashwagandha, empleadas para mejorar la tolerancia al estrés, siempre previa consulta médica, sobre todo en casos de embarazo, lactancia, enfermedades preexistentes o tratamientos farmacológicos.
- Reconocer los propios ciclos de energía a lo largo del día y del mes, para organizar las tareas más exigentes en las ventanas de mayor rendimiento y aceptar que la energía no es un recurso infinito ni parejo.
Acá vale una aclaración que la propia Shand repite cada vez que puede: nada de esto reemplaza la consulta médica. Si los síntomas se sostienen en el tiempo, si el sueño no llega ni con infusiones ni con buena voluntad, lo correcto es sentarse frente a un profesional de la salud y contarle lo que está pasando. Estos cinco hábitos son, en todo caso, un punto de partida para empezar a recuperar algo del ritmo perdido, un modo de decirle al cuerpo que el alerta puede aflojar, aunque sea un rato.
“La energía puede variar a lo largo del día y del mes, y aprender a leer esos ciclos es tan importante como comer bien o dormir mejor.”Jessica Shand, nutricionista naturópata y autora de The Hormone Balance Handbook
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo



Adiós a las bañeras tradicionales: la tendencia que domina el diseño de los baños modernos en 2025
