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Cuando el agua alcanza y cuándo hace falta algo más: la hidratación que la gente no siempre entiende

Reponer lo que se pierde según el contexto, las sales de la OMS para la diarrea y los recaudos a la hora de tomar bebidas con electrolitos sin convertirlas en muletilla.

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Alejo FerreroSociedad y vida cotidiana · 24 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

A mí me pasa cada vez que paro en el kiosco de la esquina de casa, ese que está a dos cuadras del río y al que uno va con la confianza de quien sabe que lo atiende la misma persona hace años: alguien se queja de que le duele el estómago, otro dice que está haciendo una dieta con bebidas Deportivísimas, y un tercero pregunta si el agua sola alcanza. Y la verdad, acá lo que conviene entender es que la hidratación no es una receta única, sino una cuestión de contexto. El agua y una alimentación variada suelen alcanzar para el día a día, pero hay situaciones puntuales en las que el cuerpo pierde mucho más líquido y sales de lo que un vaso de la canilla puede compensar.

Lo que dice la OMS para la diarrea

Acá viene un punto que la gente suele confundir, y lo entiendo porque yo también caí alguna vez: una bebida deportiva no es lo mismo que una solución de rehidratación oral. La Organización Mundial de la Salud y Unicef recomiendan sales con proporciones específicas de glucosa y electrolitos para prevenir o tratar la deshidratación que aparece después de un cuadro de diarrea, sobre todo en chicos y en personas mayores. La lógica es simple y, a la vez, muy pensada: la glucosa ayuda al intestino a absorber sodio y agua, y por eso esas formulaciones incluyen cloruro, potasio y citrato en cantidades estudiadas.

Esto no es un capricho médico. Si alguien tiene confusión, se desmaya, vomita de manera persistente, no puede tolerar líquidos o muestra signos de deshidratación grave, la consulta médica no se reemplaza con nada de lo que se pueda comprar en un autoservicio. Elegir una bebida por cuenta propia puede servir como primer paso, pero nunca sustituye la evaluación de un profesional. Y ojo con un dato que a veces se pierde: tomar de más tampoco es solución, porque alterar el equilibrio de sodio en sangre también puede traer consecuencias.

  • Diarrea: sales de rehidratación oral con la fórmula recomendada por la OMS y Unicef, con glucosa, sodio, cloruro, potasio y citrato en proporciones definidas.
  • Ejercicio prolongado, de más de una hora, con calor o humedad: bebidas con carbohidratos y electrolitos pueden ofrecer ventajas según el Colegio Estadounidense de Medicina del Deporte.
  • Actividad física de menos de una hora: la evidencia de diferencias fisiológicas o de rendimiento frente al agua pura es escasa, alcanza con hidratarse bien.
  • Diarrea con confusión, desmayos, vómitos persistentes, imposibilidad de beber o deshidratación grave: atención médica inmediata, no autoprescripción.
  • Suplementos de electrolitos sin pérdidas importantes: no hay beneficios demostrados de incorporarlos de manera rutinaria.

Minerales que ya están en la mesa

Ahora, para la vida de todos los días, la mayoría de las personas obtiene lo que necesita de la comida. Las frutas, las verduras y las legumbres aportan potasio; los lácteos, las semillas, los frutos secos y algunos vegetales suman calcio y magnesio. El sodio y el cloruro, que tanto preocupan cuando se habla de hidratación, llegan sobre todo a través de la sal y de los alimentos ya preparados que forman parte de la mesa de cualquier familia acá, en Buenos Aires o en cualquier ciudad del país.

Estos minerales, que los manuales llaman electrolitos, cumplen un papel central: distribuyen el agua en el organismo y hacen posible que los nervios y los músculos funcionen como tienen que funcionar. Pero la idea de que hay que suplementarlos a toda costa es, en buena medida, un invento del marketing más que de la medicina. Cuando las pérdidas no son significativas, no hay pruebas firmes de que sumar polvos, cápsulas o bebidas específicas haga algo distinto de lo que ya hacen el agua, las comidas regulares y la propia sed, que es un regulador bastante eficiente si uno se toma el trabajo de escucharla.

El deporte y los grises del esfuerzo

La actividad física introduce variables que la rutina de oficina o el paseo del domingo no tienen. Importa cuánto dura la sesión, con qué intensidad se la encara, qué temperatura hace y cuánta sudoración genera cada cuerpo, porque hay gente que pierde más sales que otra y eso no es un defecto, es una diferencia. El Colegio Estadounidense de Medicina del Deporte, una referencia clásica en este tema, dice que las bebidas con carbohidratos y electrolitos pueden ofrecer ventajas durante esfuerzos prolongados, es decir, más allá de la hora seguida, sobre todo cuando el calor o la humedad aprietan.

La contracara también está clara y vale la pena repetirla: para entrenamientos o partidos de menos de sesenta minutos, la evidencia de que esas bebidas mejoren el rendimiento o cambien algo en la fisiología es más bien floja. Tomarlas igual, por las dudas, tampoco aporta demasiado y, otra vez, beber de más puede modificar el sodio en sangre y dejar a uno peor que como arrancó. Por eso la recomendación de los especialistas suena casi obvia, y sin embargo sigue siendo la más difícil de aplicar: hidratarse según el contexto, según lo que el cuerpo pide y según lo que de verdad se perdió.

“La hidratación no es una receta única, sino una cuestión de contexto; el agua y una alimentación variada suelen alcanzar para el día a día, y la reposición específica se justifica cuando hay pérdidas reales.”Lectura del material de fuentes médicas y deportivas
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Alejo FerreroSociedad y vida cotidiana

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