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Jueves, 15 de octubre de 2026
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Cuando el jardín pide ayuda y la alacena alcanza: recetas caseras para espantar plagas sin química

Con la primavera y el verano a la vuelta de la esquina, pulgones, ácaros y hongos vuelven a hacer de las suyas. El INTA propone preparados de ortiga, ajo, naranja y cebolla que se hacen en casa y alcanzan para mantener a raya las plagas más comunes en huertas y jardines.

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Alejo FerreroSociedad y vida cotidiana · · 3 min de lectura
Cuando el jardín pide ayuda y la alacena alcanza: recetas caseras para espantar plagas sin química

Acá en el barrio siempre pasa lo mismo: llega octubre, el termómetro empieza a amigarse con el calor, y a los pocos días los rosales del rincón empiezan a mostrar las hojas pegoteadas, los tallos tiernos cubiertos de bichitos verdes y ese polvillo blanco que se mete hasta en las rendijas del cerco. Yo lo veo todos los años en la cuadra, cuando los vecinos empiezan a sacarse fotos de las hojas arruinadas y a preguntarse si vale la pena seguir peleando sin meter química a la huerta. Y la respuesta, al menos según lo que viene difundiendo hace tiempo el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, es que sí: se puede, siempre y cuando uno se banque el trabajo de preparar los remedios en casa y aplicarlos antes de que la cosa se descontrole.

El razonamiento es bastante sencillo y tiene su lógica. Con la primavera, el calor se cruza con la humedad y aparecen los hongos, esos enemigos silenciosos que aprovechan cualquier charquito de riego o una lluvia pasajera para instalarse en hojas y tallos. Ya entrado el verano, el ambiente se seca, los frutos abundan y la fiesta se la toman los insectos y los ácaros, que encuentran comida de sobra y se reproducen a una velocidad que asusta. La idea de los preparados caseros no es exterminar todo lo que se mueve, algo imposible y hasta contraproducente, sino bajar las poblaciones a un nivel que no produzca daños serios, sobre todo cuando el ataque recién empieza o cuando uno quiere prevenir.

Antes de empezar: tres reglas que ahorran dolores de cabeza

  • Usar siempre recipientes de plástico, vidrio o cerámica. Los metálicos pueden liberar sustancias tóxicas para la planta y arruinar el preparado.
  • Preparar los macerados en un lugar ventilado y sin sol directo. La fermentación necesita oxígeno y la luz directa puede degradar los compuestos activos.
  • Colar muy bien el líquido antes de pulverizar. Un resto de cáscara o de hoja tapona la boquilla del rociador y termina siendo más fastidio que solución.

Ortiga y ajo, los caballitos de batalla de la huerta urbana

El preparado más conocido es el purín fermentado de ortiga, una receta clásica que cualquier vecino con un terreno baldío cerca puede llegar a armar sin demasiado gasto. Se coloca un kilo de ortiga fresca —o entre cien y doscientos gramos si está seca— en diez litros de agua y se deja fermentar a la sombra entre siete y doce días, revolviendo a diario hasta que desaparezcan las burbujitas que suben a la superficie. Antes de usarlo se diluye en la misma cantidad de agua y se pulveriza sobre el follaje: sirve para controlar pulgones y hongos, y como bonus extra aporta nutrientes al suelo. Eso sí, conviene manipular la planta con guantes, porque la ortiga bien fresca sigue haciendo de las suyas en las manos.

El otro infaltable es el macerado concentrado de ajo con alcohol, que tiene una pinta algo fuerte pero cumple varias funciones a la vez. Se licua una cabeza entera de ajo con medio litro de agua y medio litro de alcohol, se deja reposar una semana en la heladera, se filtra y al momento de usar se diluyen cien mililitros por cada litro de agua, agregándole un chorrito de jabón blanco neutro para que el preparado se pegue a la hoja. Una vez listo en el rociador, actúa contra ácaros, pulgones, mosca blanca, orugas y hongos, algo que lo vuelve un comodín bastante práctico para quien no quiere estar preparando cinco líquidos distintos.

Opciones express para los que no quieren esperar una semana

  • Cáscara de naranja: se hierve la cáscara de una naranja en medio litro de agua durante diez minutos. Queda un líquido aromático que sirve para pulgones y cochinillas.
  • Cebolla en infusión: se cortan dos o tres cebollas medianas y se dejan en agua hirviente hasta 48 horas. El preparado resultante se cuela y se aplica contra pulgones y hongos.
  • Ruda y salvia: una infusión en partes iguales de estas dos hierbas, sin fermentación, se usa directamente sobre los pulgones más molestos.
AF
Alejo FerreroSociedad y vida cotidiana

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