Saltar al contenido
Viernes, 9 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕
Noticias Litoral

Noticias Litoral

Portada — Vida —

Dos preguntas que cortan el ruido de afuera y devuelven las riendas de la propia vida

Un filósofo de la Universidad de Emory propone un ejercicio breve para distinguir lo que uno quiere de lo que el entorno le exige, mientras un metanálisis respalda que perseguir metas alineadas con los valores propios mejora el esfuerzo y el bienestar.

AF
Alejo FerreroSociedad y vida cotidiana · · 3 min de lectura
Dos preguntas que cortan el ruido de afuera y devuelven las riendas de la propia vida

Acá, en la esquina de siempre, con el ruido de los colectivos y algún vecino que se cruza con el mate bajo el brazo, me quedé pensando en algo que parece simple y termina siendo de lo más enredado: por qué hacemos lo que hacemos. No qué elegimos, sino por qué lo elegimos. Esa diferencia, que parece un detalle, abre una conversación que el doctor Ira Bedzow, filósofo y director ejecutivo del Emory Purpose Project en la Universidad de Emory, viene dando hace rato y que, a mi entender, le puede cambiar el día a cualquiera de los que andamos por acá, en Buenos Aires, tratando de armar una vida que a veces se parece más a la que nos pidieron que a la que se nos antoja.

Bedzow propone un ejercicio que se resume en dos preguntas, nada más, y que funcionan como una pequeña auditoría del rumbo: primera, "¿de quién es la vida que estás viviendo?", y segunda, "¿quién debería determinar cómo vivís?". La primera, dice el filósofo, suele recibir una respuesta casi automática. La segunda incomoda, porque uno se da cuenta de que nadie, en realidad, le firmó un libreto con el camino exacto. Y ahí empieza el laburo de verdad.

Decidir sin copiar el molde ajeno

Acá, en el barrio, la cosa se nota todo el tiempo. Mirá a cualquiera de los que subimos al subte a la mañana: la mayoría llevamos un itinerario que no escribimos nosotros. Estudio porque en casa se esperaba que estudiara. Trabajo en tal rubro porque el padre, la madre o el tío insistió. Nos casamos o no nos casamos siguiendo un reloj social que nunca consultamos. No es que esos mandatos sean malos en sí, ojo, pero Bedzow señala algo que vale la pena escuchar: a veces seguimos un guion sin habernos sentado a leerlo.

“Es más fácil conocer el camino correcto que se supone que debés tomar que pensar que debés inventar ese camino por vos mismo.”Ira Bedzow, filósofo y director ejecutivo del Emory Purpose Project

La trampa, según explica el filósofo, está en confundir recibir opiniones con entregar el volante. Hablar con un colega sobre una oferta de trabajo, escuchar a un amigo que cuestiona una idea que uno tenía sobre una relación, leer un libro que tira por tierra una certeza: todo eso puede servir, y mucho, siempre y cuando la decisión final la tome uno y desde criterios propios. La línea que separa el consejo del control ajeno es finita, y por eso el ejercicio de las dos preguntas resulta tan útil: obliga a poner cada cosa en su lugar.

Lo que dice la evidencia

Entonces la cosa no es encerrarse a rumiar en una habitación, aclara Bedzow, sino todo lo contrario: la autorreflexión que propone tiene los pies en la calle. Se trata, según sus palabras, de examinar las razones por las que elegimos lo que elegimos, tantear alternativas y aprender de los resultados. Y un detalle que me parece clave: empezar con decisiones chicas, de las que no arman un drama si salen mal, sirve para ir afinando el criterio de a poco, como quien entrena antes del partido importante.

Yo, que llevo años cubriendo historias de gente común en esta ciudad enorme, le encuentro mucho sentido a esto. Carlos, vecino de Boedo, me decía el otro día mientras esperaba el bondi que él tardó casi cuarenta años en entender que la carrera que abrazó era la de su viejo, no la suya, y que cuando se dio permiso de cambiar, el mundo no se le cayó encima: se le ordenó. Y es que, como me marcó Bedzow, el punto no es vivir aislados ni desoír a los que queremos, sino dejar de vivir en piloto automático y volver a tomar el lápiz para escribir, aunque sea, el próximo renglón.

AF
Alejo FerreroSociedad y vida cotidiana

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo