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Viernes, 2 de octubre de 2026
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Ikebana: una izakaya en Palermo Soho donde la cocina japonesa se cruza con ingredientes argentinos

El local combina sushi de fusión, ramen, tempura y gyozas con un mostrador desde el que se observa la preparación de cada plato. La carta, a cargo de Esteban Leira y Jerónimo Sammartino, incorpora chorizo, molleja, trucha y encurtidos en una propuesta pensada para compartir.

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Cecilia RossiTurismo y escapadas · · 4 min de lectura
Ikebana: una izakaya en Palermo Soho donde la cocina japonesa se cruza con ingredientes argentinos

Desde hace algunas semanas, Palermo Soho cuenta con un nuevo espacio gastronómico bajo el formato de izakaya, la tradicional taberna japonesa donde la comida se pide para compartir mientras se acompanha con bebidas. Ikebana ocupa un local en pleno corazón del barrio porteño, a unos trescientos kilómetros de Rosario, y propone una carta en la que conviven piezas de sushi, platos calientes, entradas y postres elaborados con un criterio de fusión que incorpora insumos de la cocina local.

Una de las particularidades del lugar es la barra que se extiende frente al sector de elaboración. Quienes decidan sentarse allí pueden observar de cerca el trabajo de los cocineros mientras arman los rolls, sellan los nigiris o dan vuelta las gyozas en la plancha. Esa disposición refuerza la idea de un comedor pensado para la conversación y la sobremesa prolongada, más cerca del ritmo pausado de una taberna asiática que del circuito de tragos cortos.

Una carta para picar de a varios

Para organizar el pedido, la oferta está dividida en entradas, sushi, cazuelas, tempura, karaage, sandos y un apartado de ramen. El rasgo distintivo aparece en los cruces entre la despensa japonesa y la argentina: hay gyozas rellenas con chorizo y manzana verde, tiradito de trucha con ají amarillo, palta, jalapeño encurtido y boniato crocante, y un nigiri de molleja que se completa con mermelada de ají, alioli de cilantro y sal marina de vino tinto. El abanico de sabores oscila entre lo ácido, lo picante y lo umami, con una marcada presencia de encurtidos y salsas fermentadas.

  • Gyozas de chorizo y manzana verde, para abrir la mesa con un guiño al picadillo local.
  • Tiradito de trucha con ají amarillo, palta, jalapeño encurtido y boniato crocante, en clave criolla con técnica nikkei.
  • Nigiri de molleja con mermelada de ají, alioli de cilantro y sal marina de vino tinto, una de las piezas de autor de la casa.
  • Poke de trucha sobre arroz, con salsa tare, kimchi, zanahorias glaseadas, almendras, repollo, cebolla morada encurtida, coliflor en tempura y mermelada de ají.
  • Mochi de frutilla, ganache de chocolate y miso, como cierre dulce con notas salinas.

En el sector de cazuelas se destaca el poke de trucha, que llega en un recipiente hondo y combina el pescado con salsa tare, kimchi, zanahorias glaseadas, almendras, repollo, cebolla morada encurtida, coliflor preparada en tempura y una nueva capa de mermelada de ají. Se trata de un plato único, pensado para quienes prefieran una opción sin cubiertos de sushi pero con la misma paleta de sabores. En paralelo, la carta contempla tempuras crocantes, piezas de karaage —pollo frito al estilo japonés— y sandos, el sándwich de pan de leche que se popularizó en distintas capitales del mundo.

Tragos con fernet y un mochi con miso

La propuesta de bebidas también responde al formato de izakaya y suma referencias locales. Entre los cócteles de autor figura una preparación a base de fernet, salino de ostras, cordial de ananá y limón, una combinación que lleva el aperitivo clásico de Córdoba y Buenos Aires a un terreno más salino y cítrico. Para el final, el mochi cubierto con masa de harina de arroz y relleno con frutilla, ganache de chocolate y miso redondea una experiencia que combina texturas blandas, dulzor moderado y un contrapunto salino.

El proyecto está encabezado por Jerónimo Sammartino y por el chef ejecutivo Esteban Leira, responsable de la cocina. Ambos concibieron una carta en la que el sushi creativo funciona como eje pero no como única atracción: las gyozas, el poke, los sandos y el ramen abren el juego hacia comensales que tal vez no se sienten del todo cómodos con la idea de comer crudo. Así, Ikebana se posiciona como una puerta de entrada amigable a la cocina japonesa, con un pie firme en la tradición del sushi de fusión.

Para organizar la visita, conviene tener en cuenta algunas cuestiones prácticas. Las tarifas promedio por persona rondan los veinticinco a treinta y cinco mil pesos, dependiendo de si se piden rolls, platos calientes y algún cóctel. El local abre de martes a domingos, en general desde las 20 hasta la medianoche, aunque se recomienda confirmar horarios por redes sociales o por WhatsApp antes de ir. La mejor temporada para visitarlo coincide con los meses frescos, entre abril y septiembre, cuando la idea de sentarse en una barra caliente, comer ramen y terminar con un trago a base de fernet resulta especialmente atractiva. Por reservas y consultas, el contacto oficial se canaliza a través del Instagram del restaurante, @ikebana.ba, donde se publica la carta actualizada y se reciben mensajes para conseguir mesa en la barra o en el salón.

CR
Cecilia RossiTurismo y escapadas

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