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La cocina como punto de partida: por qué los toxicólogos sugieren dejar el plástico fuera del microondas

Especialistas de Estados Unidos recomiendan pasar la comida a un recipiente de vidrio o cerámica antes de recalentarla. Explican cómo el calor puede liberar partículas del envase y qué se sabe, hasta ahora, sobre sus efectos en el organismo.

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Alejo FerreroSociedad y vida cotidiana · 25 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

Acá en la Argentina, donde el mate se recalienta mil veces al día y el tupper con la comida del mediodía sale de la heladera directo al microondas, la advertencia de un grupo de toxicólogos norteamericanos suena fuerte: el calor puede hacer que el recipiente plástico libere partículas que terminan mezclándose con lo que después comemos. No es un tema menor, sobre todo para quienes vivimos apurados y resolvemos todo en cinco minutos con un botón.

El vidrio y la cerámica, la opción más segura

La recomendación central la planteó Wells Brambl, médico emergentólogo del Centro Médico Judío de Long Island, dependiente de Northwell Health. Antes de poner la comida en el microondas, sugirió pasarla a un recipiente de vidrio o cerámica. El objetivo, explicó, es reducir el contacto con partículas que pueden desprenderse del plástico durante el calentamiento.

Si no queda otra que usar un envase plástico, Brambl propuso ajustar la potencia del microondas al mínimo necesario para templar la comida. La lógica es directa: a menor temperatura, menor exposición al calor que interviene en la liberación de esos fragmentos y de las sustancias que se suman durante la fabricación del recipiente.

“Cuando sube la temperatura, las moléculas del plástico vibran y la estructura de polímeros puede fracturarse. Eso permite que pasen a la comida fragmentos y aditivos como colorantes, antioxidantes y estabilizadores ultravioletas.”Serah Oyewole, toxicóloga médica del Houston Methodist

Qué dice la etiqueta y qué no dice

Brambl aclaró que la leyenda "apto para microondas" que suelen tener los envases no elimina la posibilidad de que se desprendan microplásticos. Oyewole coincidió en que la aprobación de un material para almacenar alimentos es una cosa, y otra muy distinta son las preguntas que siguen abiertas sobre lo que pasa en el organismo cuando se ingieren esas partículas de manera sostenida en el tiempo.

  • Pasar la comida a un recipiente de vidrio o cerámica antes de recalentarla.
  • Si no hay otra opción, usar el plástico con la potencia mínima del microondas.
  • Revisar utensilios, tapas y esponjas de plástico y reemplazarlos de a poco.
  • Elegir productos con menos envolturas plásticas cuando sea posible.

El propio Brambl reconoció que el alcance de estas decisiones es limitado. La contaminación ambiental puede hacer que los alimentos entren en contacto con microplásticos mucho antes de llegar a la góndola o al paquete, durante su procesamiento o su producción. Cambiar hábitos en la cocina, advirtió, es apenas una forma de achicar una parte de la exposición.

Qué se sabe y qué todavía no sobre los efectos

Según Brambl, la literatura científica ya documentó la presencia de microplásticos y nanoplásticos en el cuerpo humano. Hay datos que muestran asociaciones con procesos inflamatorios, pero el especialista fue categórico: una correlación no prueba que esas partículas sean la causa. Los efectos de la exposición a largo plazo, insistió, siguen bajo investigación y todavía no hay respuestas firmes.

Como me dijo el otro día Marta, vecina del barrio de Belgrano mientras esperaba su turno en la verdulería, "uno trata de cuidarse con lo que puede, pero hasta que no te lo explican bien, ni te enterás del riesgo". Esa sensación de incertidumbre es la que, por ahora, comparten también los propios especialistas que investigan el tema.

AF
Alejo FerreroSociedad y vida cotidiana

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