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Martes, 6 de octubre de 2026
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La noche en que Juan Diego Flórez bajó del Olimpo operístico y se sentó a cantarnos un tango

El tenor peruano volvió al Teatro Colón con un programa que mezcló a Mozart, Rossini, Donizetti y Gounod, y se guardó para los bises las canciones que lo formaron fuera de los escenarios: Gardel, Chabuca Granda y la música criolla que sonaba en su casa de chico. Una velada para recordar por mucho tiempo.

SB
Sofía BianchiCultura y espectáculos · · 3 min de lectura
La noche en que Juan Diego Flórez bajó del Olimpo operístico y se sentó a cantarnos un tango

Les voy a confesar algo antes de contarles lo que pasó el lunes 22 de septiembre en el Teatro Colón: hacía rato que no sentía esa especie de silencio atento, ese rumor de expectativa que recorre la sala cuando sabés que lo que viene va a quedar en la memoria. La fila para entrar daba vuelta por la calle Libertad, había un clima raro, como de peregrinación laica. Y cuando las luces bajaron y apareció Juan Diego Flórez con ese traje oscuro y la sonrisa que parece siempre a punto de empezar, entendí por qué esa gente había aguantado la cola.

La primera parte fue puro vértigo operístico. El tenor peruano repasó un programa que combinó a Mozart, Rossini, Donizetti y Gounod, y lo hizo con esa facilidad pasmosa que tiene para pasar del registro agudo a los pianísimos sin que se le note el esfuerzo. Pero lo más lindo vino después, cuando el Colón ya estaba de pie aplaudiendo y él decidió quedarse un rato más.

La guitarra, los bises y la música de la casa

Ahí cambió todo. Sacó una guitarra, se sentó más cerca del proscenio y arrancó con temas de Carlos Gardel y de Chabuca Granda. El teatro entero, que un rato antes contenía la respiración ante un do de pecho, se soltó y empezó a tararear bajito. Yo vi a un señor de corbata cantando "La flor de la canela" al lado de una chica con auriculares colgando. Eso no se programa: pasa, o no pasa.

Flórez contó después que esa elección no es caprichosa. A veces se decide por una melodía, a veces por una letra, a veces por el recuerdo que le trae una pieza. Y hay veces, dijo, que prueba los temas en el camarín instantes antes de salir a cantarlos. Esa imagen me quedó dando vueltas: un tenor de su calibre, en el pasillo del Colón, afinando una zamba a último momento.

“En mi casa se escuchaba música criolla, después me interesé por el rock y la trova. A los quince años ya tocaba la guitarra y escribía canciones, sin imaginar todavía que me dedicaría a la ópera.”Juan Diego Flórez

La canción que alimenta al personaje

Lo que más me interesa de su manera de pensar la música es eso: que no separa el mundo de la canción popular del mundo del bel canto. Para Flórez, los años de recorrido sirven para encontrar nuevos sentidos en las palabras y en las frases musicales, y la técnica vocal es apenas una herramienta para comunicar lo que vive cada personaje. "Lo que se escribió hace siglos sigue siendo reconocible", dijo, y la verdad es que anoche se notó: cada aria sonaba actual, cercana, como si personajes estuvieran hablando con nosotros.

Esa mirada, además, la lleva a su trabajo con Sinfonía por el Perú, el proyecto social que fundó hace años y que trabaja con chicos y chicas en situación de vulnerabilidad. El cantante sostuvo que la práctica musical ayuda a desarrollar confianza, a escucharse y a colaborar con el otro. Y algo que me pareció muy sincero: contó que él mismo enseña intentando devolver lo que recibió cuando era un chico que soñaba con cantar en Lima.

Antes de irme quiero dejarles un dato práctico, porque varios me lo van a preguntar: el tenor tiene próximas fechas en la región y las entradas se consiguen por la página oficial del Teatro Colón y en plataformas como Plateanet. Los precios arrancan en los valores más accesibles de la pullman y suben según la ubicación, con promociones para jubilados y estudiantes. Vale la pena estar atentos: cuando Flórez anuncia funciones cerca, vuelan.

Salí del Colón caminando por Cerrito con la sensación de que había presenciado algo poco común: a un artista que puede estar en los mejores escenarios del mundo y, sin embargo, elige bajar a la platea, agarrar la guitarra y cantarnos lo que cantaba en su casa cuando era pibe. Eso, para mí, es lo que separa a un cantante de voces increíbles de un artista de los que uno no se olvida. Y Juan Diego Flórez, anoche, fue las dos cosas.

SB
Sofía BianchiCultura y espectáculos

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