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La panza que no afloja: por qué el cuerpo no obedece cuando uno le pide bajar solo de la cintura

Especialistas explican que la grasa abdominal responde a una combinación de genética, hormonas, descanso y movimiento, y que los abdominales por sí solos no achican la cintura. Un trabajo reciente con más de 7.000 adultos durante siete años muestra qué funciona de verdad.

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Alejo FerreroSociedad y vida cotidiana · 7 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Acá, en la puerta del club del barrio, cuando todavía el aire de la mañana trae ese olor a pasto recién cortado y los vecinos pasan con el termo bajo el brazo, uno escucha cada semana la misma queja: "Hago abdominales todos los días y la panza no me baja ni un centímetro". La frase se repite entre quienes caminaron la rambla, entre quienes se anotaron en el gimnasio y entre quienes directamente tiraron la toalla, cansados de medirse el pantalón a cada rato y no ver la diferencia. La pregunta parece simple, pero la respuesta no lo es tanto, y tiene menos que ver con la voluntad y más con cómo funciona el cuerpo humano, que es bastante más caprichoso de lo que uno quisiera a la hora de elegir de dónde sacar la energía.

El cuerpo no entiende de zonas: por qué la grasa abdominal no cede sola

Lo primero que hay que entender, me explica la endocrinóloga con la que hablé para esta nota, es que el organismo no elimina grasa de una zona específica por decisión propia. Cuando uno busca adelgazar, el cuerpo toma la grasa que necesita como energía de distintos depósitos a la vez, y la distribución de esa grasa depende de la genética, la edad, los cambios hormonales y, sobre todo, la calidad del sueño. Por eso dos personas pueden hacer exactamente la misma rutina y registrar resultados muy distintos en la cintura.

El abdomen, además, acumula dos tipos de grasa que conviene no mezclar. Está la subcutánea, esa que queda justo debajo de la piel y que uno puede pellizcar con los dedos, y está la visceral, que es la que envuelve los órganos internos y la que más preocupa a los médicos porque se asocia con problemas cardiovasculares y metabólicos. Los abdominales fortalecen la musculatura, mejoran la postura y dan tonicidad, pero no le dicen al cuerpo de qué lado tiene que quemar la grasa. Por eso es posible sentirse más firme en la zona media y, aun así, no notar una reducción visible del volumen abdominal.

  • Hacer abdominales fortalece los músculos pero no reduce grasa localizada: el cuerpo decide por sí solo de dónde toma la energía.
  • La grasa visceral, que rodea los órganos, depende de la edad, la carga genética y el patrón hormonal de cada persona.
  • Dormir mal aumenta la grasa abdominal: un estudio de Mayo Clinic registró un 9% más de área adiposa total y un 11% más de grasa visceral con sueño restringido.
  • Mejorar la dieta y moverse al mismo tiempo funciona: un trabajo en JAMA Network Open con más de 7.000 adultos seguidos durante 7,2 años mostró que quienes combinaron ambos hábitos acumularon 149 grammes menos de grasa visceral.
  • El espejo no siempre muestra el avance: la fuerza, la constancia y la circunferencia de cintura dan una lectura más completa del proceso.

El sueño como pieza clave, muchas veces subestimada

De todo lo que me dijo la especialista, hay algo que me quedó dando vueltas y que vale la pena repetir, porque uno suele olvidarlo: el descanso no es un premio al final del día, es parte del tratamiento. Un estudio de Mayo Clinic encontró que restringir el sueño se asoció con un aumento del 9% en el área adiposa total del abdomen y del 11% en la grasa visceral, comparado con condiciones controladas. Y no termina ahí: dormir menos también descompensa los mecanismos del hambre y la saciedad, así que sostener cualquier estrategia alimentaria se vuelve una lucha cuesta arriba cuando uno está cansado.

A esa misma conclusión llegó un trabajo publicado en JAMA Network Open, que siguió a más de 7.000 adultos durante un promedio de 7,2 años. Los investigadores vieron que mejorar la calidad de la dieta y aumentar la actividad física, cuando ocurren al mismo tiempo, se asocian con una menor acumulación de grasa visceral. El grupo con mayores mejoras conjuntas presentó, al final del seguimiento, 149 grammes menos de grasa visceral que el resto. La palabra clave acá es "conjuntas": no es la dieta sola, ni el gimnasio solo, es la combinación sostenida en el tiempo.

“La evidencia es bastante clara en esto: no hay atajo ni ejercicio mágico. Hay una combinación de alimentación, movimiento y descanso sostenida en el tiempo, y eso es lo que funciona.”Endocrinóloga consultada por este portal
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Alejo FerreroSociedad y vida cotidiana

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