La presión que no avisa: por qué en la Argentina cuatro de cada diez hipertensos caminan sin diagnóstico
Medirse la presión de forma periódica es la única manera de detectar una condición que suele pasar inadvertida y que en el país alcanza a más de un tercio de los adultos. Los controles, el tratamiento y los hábitos saludables forman parte del cuidado cotidiano que puede evitar complicaciones cardiovasculares.

Acá, en la esquina de cualquier farmacia de barrio, a la tardecita, siempre hay alguien esperando el turno para que le midan la presión. Algunos llegan con cara de preocupación, otros simplemente porque su médica se lo pidió la semana pasada. La escena se repite a lo largo y ancho del país con una frecuencia que, si uno se pone a pensar, termina diciendo bastante: en la Argentina, el 36,3 por ciento de los mayores de 18 años convive con hipertensión arterial, según el Registro Nacional de Hipertensión Arterial. Son cerca de 12 millones de personas, y lo más inquietante del asunto es que casi cuatro de cada diez todavía no saben que la tienen.
Lo que me cuenta la realidad cada vez que me toca escribir sobre estos temas es que se trata de una condición silenciosa. La hipertensión puede instalarse sin que el cuerpo avise con mareos, con un dolor de cabeza persistente o con esa sensación de opresión que uno tiende a asociar con un problema circulatorio. Por eso, esperar a que aparezca algún síntoma para preocuparse es, en la práctica, dejar la puerta abierta a que el problema avance sin ser detectado. Tomarse la presión de manera periódica es, justamente, la manera de conocer un dato de salud que no siempre se refleja en cómo nos sentimos.
Una medición sencilla que puede cambiarlo todo
Medirse la presión es un procedimiento que no produce dolor, que demanda apenas unos minutos y que está al alcance de la mano en cualquier centro de salud o farmacia. Su verdadera utilidad está en identificar valores elevados antes de que aparezcan complicaciones como infartos o accidentes cerebrovasculares, que son las consecuencias más temidas de una hipertensión que se prolonga en el tiempo sin tratamiento. La ausencia de malestar, insisto, no permite saber si los números están bajo control: para conocerlos, hace falta medirlos, simple y llanamente.
Hábitos que cuidan la presión arterial
- Reducir la cantidad de sal que se consume a diario, un cambio con más impacto del que uno suele imaginar.
- Sostener una alimentación equilibrada, con predominio de verduras, frutas, legumbres y alimentos frescos.
- Hacer actividad física de manera regular, aunque sea caminar varias veces por semana a buen ritmo.
- Atender el estrés crónico, porque también pesa sobre los valores de presión.
Cuando uno repasa la lista, entiende que son cuidados accesibles, que no dependen de grandes inversiones ni de decisiones heroicas, sino de la constancia con la que uno se trata en el día a día. Esa constancia, según me decía esta semana Beatriz, una vecina del barrio de Villa Devoto que se controla la presión cada quince días desde hace años, es lo que marca la diferencia entre vivir pendiente del tensiómetro y vivir tranquilo: uno termina tomándole el gustito a cuidarse, me dijo, y es la mejor herencia que uno puede dejarle a los hijos.
El problema, además, no se queda en la Argentina. El segundo informe mundial sobre hipertensión arterial de la Organización Mundial de la Salud, publicado este año, señala que 1400 millones de adultos viven con presión elevada en el planeta, y que apenas uno de cada cinco la tiene controlada. Acá, el panorama es parecido: según el registro nacional, solo alrededor del 44 por ciento de quienes reciben tratamiento consigue mantener sus valores dentro de los rangos recomendados. Detectar la hipertensión y mantenerla bajo control son, por lo tanto, dos aspectos centrales del seguimiento médico, y los dos dependen, en buena medida, de que uno se tome unos minutos cada tanto para medirse.
Me quedo dando vueltas con la frase de Beatriz, que me parece que vale más que cualquier cifra: la mejor herencia que uno puede dejarle a los hijos es cuidarse. Y si de cuidarse se trata, la presión arterial es un buen punto de partida.
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