La vez que Miyazaki viajó a Suecia por una niña pelirroja y terminó con las manos vacías
En 1971, el director japonés viajó hasta Gotland para tentar a Astrid Lindgren con una serie animada de Pippi Calzaslargas. La autora le dijo que no, pero los bocetos de aquel viaje terminaron poblando algunas de sus películas más queridas.

Me imagino la escena con una facilidad que da envidia. Un tipo todavía joven, Hayao Miyazaki, bajando de un ferry en la isla sueca de Gotland a comienzos de los setentas, con una carpeta llena de bocetos bajo el brazo y la ilusión de convencer a la escritora más importante del país nórdico. La carpeta volvería a Tokio sin el sello que necesitaba, pero lo que llevaba adentro terminó viajando mucho más lejos de lo que cualquiera de los dos hubiera imaginado.
Para entender el viaje hay que situarse antes. Tras el fracaso comercial de "Las aventuras de Hols, el príncipe del sol" en Toei Animation, Miyazaki y su socio Isao Takahata recalaron en A-Pro, un estudio chico que quería escapar de la lógica televisiva de la época. Y el proyecto que les encendió la lamparita fue, justamente, versionar en anime a Pippi Calzaslargas, la criatura pelirroja y lendera que Astrid Lindgren había inventado en 1945.
Qué vio Miyazaki en Pippi
Lo que los atrajo no fue simplemente el personaje. "Fue algo extraordinario para nosotros, la oportunidad de hacer algo significativo y no solo televisión", recordó el director muchos años después, cuando esa memoria ya era parte del mito. Takahata, más analítico, contaba que los libros de Lindgren les resultaban valiosos porque desobedecían una tradición de la literatura infantil europea que tiende a presentar a los chicos como mini adultos que necesitan ser corregidos. Pippi, claro, era todo lo contrario: una nena que se manda sola, que es más fuerte que un caballo y que resuelve la vida con una mezcla de sentido común y desfachatez.
A Miyazaki le fascinaba en particular la protagonista como alguien que iba a su propio ritmo, sin pedir permiso. Era, en el fondo, un espejo de algo que él mismo llevaba adentro y que después aparecería en casi todas sus heroínas.
El viaje a Suecia y el portazo de Lindgren
En 1971, Miyazaki se subió a un avión rumbo a Estocolmo y de ahí a Gotland. Quería los derechos para una serie animada y estaba dispuesto a discutirlo cara a cara con Lindgren. El recorrido por los paisajes de Visby le quedó tatuado en la memoria y, según él mismo contó, modificó para siempre su manera de imaginarse Europa, más verde y más medieval de lo que esperaba.
Del otro lado de la mesa, Lindgren tenía sus propias razones para desconfiar. Una adaptación cinematográfica de Pippi hecha en 1949 no la había dejado conforme, y según los relatos que circularon después, miraba con recelo a la animación japonesa, a la que consideraba demasiado violenta para sus historias. La negociación no prosperó y Miyazaki volvió a Japón con la carpeta intacta y un agujero grande en el calendario del estudio.
Qué pasó con todos esos bocetos
Lo que me gusta de esta historia, y por eso se la cuento, es el contraste. Un autor japonés al que hoy se lo asocia con cierta mirada inocente sobre la infancia viajó hasta el otro extremo del mundo a buscar la bendición de una escritora que, básicamente, le dijo que no. Y sin embargo, ese no fue el de varias obras que millones de personas terminaron amando. A veces el mapa de las influencias funciona así: un portazo abre un pasillo que no existía.
Si esta historia te picó la curiosidad, la puerta de entrada más directa es volver a mirar Las aventuras de Panda y sus amigos con ojos nuevos, buscando a la nena pelirroja que casi fue Pippi. Después, Nicky, la aprendiz de bruja, funciona como el reverso melancólico de aquella posibilidad sueca que nunca fue. Las dos están disponibles en distintas plataformas de streaming y, si querés ir a fondo, la película Sueños de Hayao Miyazaki que recorre su carrera deja varias pistas sobre aquel viaje a Gotland.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo

Blake Lively y Anna Kendrick protagonizan el esperado regreso de una historia llena de misterio

‘Alien: Planeta Tierra’: qué se sabe de la nueva producción de Disney+

Fito Páez volvió al piano, se sentó frente a Pergolini y se animó a soñar con una batuta en la mano
