Mate o soda: en pleno enero porteño, lo que enfría no es la temperatura de la taza sino el aire que te rodea
Un especialista en bienestar explica por qué una infusión caliente puede sacar el calor del cuerpo, siempre y cuando el sudor se evapore. La clave, dice, está en la humedad y en la ventilación, más que en elegir frío o caliente.

Acá, en la esquina de cualquier plaza de Buenos Aires un martes de enero, la pregunta se repite cada año como un eco: qué tomo para soportar la ola de calor, si un termo con mate bien caliente o una soda helada que me escupa la garganta. La respuesta, como casi todo en esta ciudad, depende menos de lo que uno imagina y más del aire que tenemos encima. Esa es, al menos, la mirada que comparte el profesor John Tregoning, especialista en bienestar, cuando le preguntan por el efecto de las bebidas en los días de calor sofocante.
Calor adentro, sudor afuera
Según Tregoning, el mecanismo tiene dos puntas que conviene entender antes de discutir si conviene el termo o la jarra con hielo. Por un lado, cuando uno ingiere un líquido caliente le está sumando calor al cuerpo, y esa incorporación se traduce en un aumento de la transpiración. Por otro lado, si esa transpiración consigue evaporarse, el cuerpo pierde calor y termina sintiéndose más fresco que antes de tomar la infusión. El balance, como se ve, no depende solo de la taza.
El aire seco y con circulación es el verdadero ventilador
Porque la condición que vuelve refrescante a la bebida caliente es, en realidad, una condición del entorno: aire seco y con buena circulación. Una brisa, una corriente cruzada entre ventanas o el techo de un ventilador son los aliados que necesita el sudor para evaporarse y llevarse consigo el calor del cuerpo. En un ambiente húmedo y encerrado, en cambio, el sudor se queda pegado a la piel, moja la remera y termina siendo una pérdida de líquido sin el efecto refrescante que uno esperaba.
- El líquido caliente aporta calor al cuerpo y estimula la transpiración.
- Para que esa transpiración refresque, el sudor debe evaporarse sobre la piel.
- La evaporación funciona mejor en ambientes secos y con buena ventilación.
- En lugares húmedos y sin aire circulando, el calor incorporado puede superar al que el cuerpo libera.
- Las bebidas frías dan una sensación inmediata de frescura, pero no enfrían el cuerpo de forma sostenida.
- La prioridad, según el especialista, es mantener una hidratación frecuente durante todo el día.
Carlos, vecino de San Telmo que toma mate todas las mañanas sin importar el termómetro, lo resume con una frase que Tregoning bien podría rubricar: «Cuando hay viento, el mate te refresca la cara; cuando hay humedad, te empapa la espalda y listo, no hay gusto que valga». La diferencia que cuenta el vecino es justamente la que describe el profesor: en un caso, el sudor se va con el aire y se lleva el calor; en el otro, se acumula y se pierde el beneficio.
Para Tregoning, la conclusión práctica es bastante directa y va contra lo que muchos repiten en las sobremesas familiares. «Lo más importante es tomar líquidos con frecuencia, más que discutir si están fríos o calientes», sostiene el especialista, en línea con una recomendación que las guías de hidratación repiten desde hace años. La temperatura de la taza, dice, es secundaria frente al estado del ambiente y frente al hecho simple, casi de manual, de reponer lo que el cuerpo va perdiendo con el correr de las horas.
Así que la próxima vez que el termómetro marque treinta y pico y haya que decidir entre servir el termo o abrir la heladera, conviene mirar antes la ventana: si entra brisa y el aire está seco, el mate puede terminar refrescando más que cualquier soda. Si, en cambio, el living está cerrado y la humedad se pega al sillón, lo más sensato sigue siendo el vaso grande con agua fresca, sin más vueltas. Como me decía Cristina, de Boedo, mientras peleaba con el ventilador roto: «Yo no peleo con la temperatura de la bebida, peleo con el aire de la pieza, que es el que no me deja dormir».
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