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Puchero, el patrullero de cuatro patas que se ganó un lugar en la bici de la policía neuquina

Duerme en un colchón dentro de la Comisaría Primera, viste un chaleco impermeable cosido por voluntarias y lleva más de una década caminando al lado de los bicipolicías de Neuquén. Nadie lo trajo: apareció y nunca se fue.

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Alejo FerreroSociedad y vida cotidiana · 5 DE SEPT DE 2026 · 5 min de lectura

En la esquina de Ministro González y Mendoza, ahí donde Neuquén se pone más prolija y un poco más lenta, la Comisaría Primera tiene un empleado al que nadie le tomó declaración jurada ni le pagó el sueldo a fin de mes, pero que sale todos los días a la calle como si la ciudad le debiera algo. Se llama Puchero, tiene unos doce años, duerme en su propio colchón dentro del destacamento y desde hace más de una década se sube, literalmente, a la rutina de los bicipolicías que custodian el casco céntrico y los barrios de alrededor.

Un perro con chaleco, colchón y turno fijo

Sobre el lomo lleva un chaleco impermeable que ya es parte del paisaje. La leyenda, bordada a mano, dice "No me lo robes... yo también tengo frío", y la trabajaron integrantes de la agrupación Patas Unidas Neuquén, que cada tanto se acercan hasta la seccional con algún abrigo nuevo o con el clásico pedido de no llevárselo. La confusión, me cuentan los propios agentes, es moneda corriente: cuando Puchero camina por la vereda con su chaleco azul, la mayoría de los transeúntes interpreta que está pidiendo casa. No es así. Este perro tiene cama fija, vacunas al día, comida garantizada y un horario más marcado que el de muchos oficinistas.

Su base de operaciones está en la Comisaría Primera, pero su radio de movimiento es bastante más amplio. Suele cubrir la zona del hipermercado Jumbo, el corredor que va de este a oeste y hasta la Comisaría Segunda. Algunos días, simplemente, aparece por su cuenta en la División de Policía Motorizada, sobre las calles Petróleo e Intendente Carro, como si fuera a visitar a un compañero de otra área. En toda la fuerza lo conocen, así que siempre tiene un rincón donde echarse a dormir la siesta.

La patrulla en bicicleta que adoptó como propia

La modalidad de los bicipolicías nació en el año 2000, por iniciativa del entonces comisario Mario Barros, que junto a un grupo de agentes de Cutral Co empezaron a cubrir el territorio pedaleando. Puchero llegó bastante después, pero adoptó la rutina como si la hubiera inventado él. Cuando arranca el turno, ya está esperando en la puerta, listo para sumarse al recorrido.

“Aparte de ser un compañero, es el primero que está listo para salir a hacer las tareas de prevención. Cuando pedaleamos siempre hacemos una parada fija para no cansarlo demasiado.”Nemesio Lagos, agente de la Comisaría Primera

Nemesio Lagos lleva nueve años en la fuerza y conoció a Puchero ni bien empezó a trabajar en la seccional. Me lo crucé en el pasillo y, mientras le rascaba la cabeza, me hizo la descripción que cualquier dueño haría de un perro viejo y querido: sereno, paciente, con la autoridad que da haber visto pasar de todo por esa esquina. Su compañera Aldana Campos, que ya lleva tres años en el destacamento, lo define con una frase que se repite entre el personal: "Se da cuenta enseguida. Solo se pone a ladrar para dar alerta, pero no pasa de eso".

Porque Puchero, aclaran los agentes, no es un perro de show. Con otros canes es indiferente: si alguno lo busca, lo ignora. Si hay un procedimiento tenso, ladra para marcar que algo pasa, pero no escala, no se mete, no muerde un uniforme ajeno. Esa mezcla de calma y atención es, dicen en la seccional, lo que lo volvió insustituible.

De adoptarlo, nada: se quedó en la jefatura

A lo largo de los años hubo más de un intento de adopción. Vecinos del barrio interesados se acercaron a la comisaría y plantearon la posibilidad de llevárselo a una casa con patio. Más de un agente lo pensó en serio, me confiesan en voz baja. Pero el perro nunca aceptó irse. "Lo quisieron adoptar, pero no pasó nada. Se quedó en la jefatura. Ya es de acá", resume Campos, con esa mezcla de resignación y cariño que se le ve en la cara cuando lo dice.

La veterinaria le controla la salud con regularidad y la comida sale, sobre todo, de los aportes del propio personal, que pone plata de su bolsillo para que a Puchero no le falte el plato del mediodía. El colchón, el chaleco impermeable, las vacunas, los premios: todo llega por la misma vía, la de un grupo de personas que un día decidió que ese perro callejero que se les apareció en la puerta era, en los papeles y en los hechos, uno más de la familia.

  • Edad estimada: unos 12 años, según la agente Aldana Campos, que lo controla de cerca en la seccional.
  • Base: Comisaría Primera, en Ministro González y Mendoza, con visitas frecuentes a la Motorizada de Petróleo e Intendente Carro.
  • Chaleco: impermeable, con la frase "No me lo robes... yo también tengo frío", cosido por Patas Unidas Neuquén.
  • Rutina: sale con los bicipolicías en cada turno, con paradas fijas para no cansarlo.
  • Convivencia: indiferente con otros perros, alerta en procedimientos, sin episodios de agresión.
  • Adopción: vecinos y agentes lo intentaron, pero el perro siempre eligió quedarse en la comisaría.

Me voy de la esquina de Ministro González y Mendoza con la sensación de que en Neuquén hay un patrullero que no cobra aguinaldo ni aportes patronales, pero que conoce cada baldoso del centro y sabe, antes que nadie, cuándo algo se mueve donde no debería. Cuando le pregunto a Nemesio Lagos qué es lo que más le gusta de tener a Puchero en el turno, se queda pensando un segundo y me contesta con una sonrisa que vale más que cualquier parte policial: "Es un compañero. Y eso, en esta calle, no se compra".

AF
Alejo FerreroSociedad y vida cotidiana

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