Ridley Scott vuelve al apocalipsis con una novela australiana y un personaje que no estaba
El director inglés presenta en Argentina "La constelación del perro", una adaptación de la novela de Peter Heller que lo sedujo a la primera lectura y lo obligó a pedirle al guionista un tercer acto a medida.

Hay una sensación muy puntual que todo guionista conoce: cuando el material cae en tus manos y ya no te lo sacás más de la cabeza. Eso le pasó a Ridley Scott con la novela de Peter Heller, "The Dog Stars", y así me lo contó la otra tarde en el set de prensa mientras un asistente acomodaba los últimos focos para la foto con el elenco. El director, de traje oscuro y cara de buen dormir, se sentó en la punta de la mesa, pidió un té y arrancó por lo que más le importaba: el guion lo convenció apenas terminar la primera lectura. Y eso, en sus ochenta y tantos años de carrera, sólo le pasó con un puñado de libretos.
Una categoría muy chica
Scott se tomó un segundo para enumerar esos guiones que, según sus palabras, lo "agarraron" desde la primera página. Mencionó tres, ni uno más. El primero fue el de "Alien, el octavo pasajero" en 1979, una rareza que él mismo convirtió en ícono. El segundo fue el de "Marte" en 2015, con Matt Damon varado en el planeta rojo. Y el tercero, ahora, es el de "La constelación del perro", la película que lo trae de vuelta a la ciencia ficción después de un tiempo sin rodar en el género. La afirmación la hizo en una entrevista con la periodista Martina Barone para la revista GQ y, como verán, tiene el peso de una declaración de amor cinematográfico.
Pero ojo: que un guion lo haya enamorado no quiere decir que lo haya dejado tal cual. Scott es de los directores que manosean el material hasta dejarlo a su medida. En este caso, el trabajo de adaptación lo firmó Mark L. Smith, que ya había escrito "El renacido" para Alejandro González Iñárritu y viene laburando con el inglés desde hace rato. Smith le entregó un borrador y Scott le pidió un cambio grueso: había que reescribir el tercer acto entero para incorporar al personaje que interpreta Jacob Elordi en una situación que, en la novela original, directamente no existe.
“Necesitaba una perspectiva realista para ese tramo, y la única manera de conseguirla era meter a este personaje en un lugar que el libro ni siquiera imagina.”Ridley Scott, director
Un personaje que no estaba
La movida es llamativa porque abre un debate de los que a mí, como lectora, me gustan especialmente. ¿Tiene sentido cambiarle el ADN a una novela muy querida para resolver un problema de ritmo o de verosimilitud? Scott lo tiene claro: para él, la adaptación no es traducir un libro en planos, sino entender qué necesita la pantalla y qué le sobra al papel. Y así lo justificó delante del grabador: el personaje de Elordi, sostuvo, le daba al tercer acto la "perspectiva realista" que el material original no le ofrecía. Lo dijo con una tranquilidad que da envidia: a sus años, el inglés no se guarda nada.
El recurso de meter mano en los libretos ajenos no es nuevo en su filmografía. Las modificaciones al guion original de Dan O'Bannon para "Alien" están ampliamente documentadas en los libros demaking of y en cada retrospectiva que uno se cruce: Scott tomó un guión mucho más áspero y filosófico y lo convirtió en una película de terror de las que se te pegan al cuerpo. Algo de esa misma lógica parece haber puesto sobre la mesa con "La constelación del perro", aunque los motivos ahora sean otros. La novela de Heller es un libro raro y hermoso sobre un piloto que sobrevuela un Estados Unidos devastado por una pandemia y un asteroide, con un avión, un rifle y una relación medio tóxica con un vecino como únicas compañías. Llevar ese mundo a la pantalla sin perder la melancolía ni la amenaza requería, según Scott, ajustar la partitura.
Mientras el equipo técnico acomodaba luces y el café se enfriaba, Scott dejó una frase que me quedó dando vueltas: describió a "La constelación del perro" como uno de sus trabajos más personales en el último tramo de su carrera. Lo dijo con la misma sobriedad con la que había enumerado sus guiones favoritos, como si fuera un dato más en la conversación y no una definición de su propio legado. Para un director que lleva casi cinco décadas filmando y que ya entró en la categoría de clásicos vivientes, eso es bastante decir. Veremos si la pantalla le termina haciendo justicia a la novela y a esa primera lectura que, según él, lo cambió todo. Por ahora, la película llega a las salas argentinas esta semana y las entradas se consiguen en las plataformas habituales, con precios que arrancan en los valores estándar de cartelera para un estreno de estas características. Recomendación personal: vayan sin spoilearse, lean el libro después y me cuentan.
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