Romeo, el pibe que se quedó sin carrera por dos pastillas que no sabía que tomaba
Un tribunal del tenis le dio 20 meses de suspensión al jugador marplatense de 19 años por un doping que él mismo reconoce pero jura que no fue a propósito. La historia parece sacada de un manual de tragedias juveniles: un médico de confianza, envases sin etiqueta y dos sustancias prohibidas.

Lo que arrancó como una recuperación de rutina después de una operación terminó en una sanción que lo saca de las canchas hasta octubre de 2027. Romeo Arcuschin, 19 años, 1.802 del mundo, quedó suspendido por 20 meses después de que un control antidopaje le detectara estanozolol y clomifeno en el cuerpo, dos compuestos que ningún tenista quiere tener ni en nombre después de un control.
El pibe había viajado a Lima para jugar un M15 del ITF World Tennis Tour el 15 de diciembre de 2025. Volvió con un positivo que nadie vio venir. Bueno, casi nadie: el médico que lo atendió después de la cirugía tampoco.
La cadena de errores que nadie controló
La secuencia es de manual. Arcuschin se lesionó, fue operado y arrancó la rehabilitación. Un médico deportivo con experiencia, de esos que inflan el currículum en el consultorio, le armó un tratamiento de 30 días con medicamentos compuestos para pelearle a la atrofia muscular. Esos fármacos, justamente, tenían estanozolol y clomifeno, las dos sustancias que después aparecieron en el control.
- El profesional no le informó al jugador qué contenían los medicamentos.
- Los productos fueron entregados en envases sin etiquetado.
- Arcuschin confió en la indicación médica y los consumió sin sospechar.
- El control antidopaje posterior detectó los metabolitos prohibidos.
La Agencia Internacional de Integridad del Tenis (ITIA) le bajó la acusación formal el 16 de febrero de 2026 y en marzo lo suspendió provisoriamente. El pibe nunca negó que las sustancias estaban ahí: el debate fue si sabía lo que tomaba o no. El 11 de agosto hubo audiencia, se presentaron pruebas y el tribunal independiente terminó resolviendo que la infracción no fue intencional.
Veinte meses: ¿mucho o poco?
Las reglas son claras y a la vez tramposas: el reglamento antidopaje dice que el deportista es responsable de todo lo que entra en su cuerpo, le expliquen o no. Pero el mismo reglamento deja lugar para considerar la edad, el conocimiento de las normas y las circunstancias del caso. Por eso, en lugar de los cuatro años que contemplan las sanciones por doping no intencional grave, Arcuschin se llevó 20 meses, que es lo mismo que decir le dieron la pena mínima posible para el escenario más benévolo.
“El tribunal concluyó que la infracción no había sido intencional y que el jugador no fue informado de la composición de los medicamentos.”Resolución del tribunal independiente
Como ya estuvo suspendido de manera provisoria desde ese marzo, el tiempo cumplido se descuenta. Así las cuentas, la prohibición para competir se extiende hasta el 17 de octubre de 2027. Para ese momento Romeo va a tener 21 años y va a tener que empezar de cero en el ranking, si es que puede. Mientras tanto, el médico que le firmó el tratamiento sigue atendiendo tranquilamente, que eso también es parte de la película.
¿Alcanza la reducción o es desproporcionada? Queda la duda. La ley dice que el atleta es dueño de lo que se mete en el cuerpo, aun cuando viene de una receta médica escrita por un profesional con matrícula. La sensatez, en cambio, dice que castigar al pibe con la misma dureza que a un tramposo profesional sería de una injusticia notable. El tribunal intentó un punto medio. Si te parece poco, preguntate qué hubiera hecho tu hijo de 19 con un envase sin etiqueta firmado por un médico de confianza.
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