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Viernes, 9 de octubre de 2026
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Silver Pines: el pueblo donde cada puerta cerrada esconde una historia

El nuevo indie argentino propone una aventura 2.5D con aroma a survival horror, mecánica metroidvania y un detective al que le pesan más los secretos del pasado que los monstruos del bosque.

SB
Sofía BianchiCultura y espectáculos · · 3 min de lectura
Silver Pines: el pueblo donde cada puerta cerrada esconde una historia

Llegué al pueblo de Silver Pines una tarde cualquiera y, antes de cruzar la tranquera, ya sentía que algo no cerraba. Las persianas estaban bajas, las cafeterías vacías y en el aire flotaba esa quietud espesa que solo aparece cuando alguien acaba de apagar la música y todavía nadie se animó a prender otra. Red Walker, el investigador privado que protagoniza este juego, baja de suauto con la misma cara de desconfianza: viene a buscar al músico Eddie Velvet, un tipo que se hospedó en el pueblo y que, según quienes lo conocieron, dejó más preguntas que respuestas.

La propuesta combina tres ingredientes que, en papel, podrían pelearse entre sí: survival horror, investigación al viejo estilo y exploración metroidvania. Lo curioso es que conviven bastante bien. Los escenarios son 2.5D, con ese desplazamiento lateral que recuerda a los clásicos de acción y plataformas, y la cámara va revelando capas del pueblo a medida que uno se anima a meter la nariz donde no lo llaman.

Un pueblo para leerlo con lupa

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Lo que más me enganchó, te soy honesta, es la lógica de las llaves y los códigos. No es el típico juego en el que abrís un cofre y listo: acá podés encontrar un objeto que durante un rato no sabés para qué sirve, hasta que una nota, un diálogo o una pared rayada te enciende la lamparita y te dice «eh, esto va acá». Esa mecánica obliga a llevar una especie de inventario mental, a volver sobre escenarios ya recorridos y a mirar con otros ojos lugares que creías haber terminado.

Los túneles abandonados, las tiendas de ramos generales y las cafeterías con las cortinas corridas funcionan como habitaciones de una casa enorme. Siempre hay una puerta cerrada, una escalera que baja a la nada, un pasillo que termina en chapa oxidada. Y uno, como Walker, se obsesiona con volver a pisar esos mismos pasillos cuando consigue la herramienta que los habilita.

  • Estructura metroidvania: volver a zonas ya visitadas es tan importante como avanzar hacia nuevas.
  • Llaves, códigos y armas que se desbloquean a medida que se consigue información.
  • Combates contra criaturas extrañas y jefes en las zonas más oscuras del pueblo.
  • Gestión de recursos: la munición escasea y pensar antes de disparar es clave.
  • Máquinas expendedoras donde se puede guardar la partida, comprar suministros y, a veces, pagar en monedas con las teclas y llavess para abrir nuevos caminos.

El dinero que uno va juntando no es un número decorativo: sirve para guardar el progreso y para aprovisionarse en unas máquinas expendedoras que parecen sacadas de un pueblo fantasma. Algunas de esas máquinas ofrecen llaves, lo que obliga a decidir si conviene gastarse los pesos en una lata de combustible o reservar para abrir ese acceso que viene dando vueltas desde hace tres pantallas.

Una investigación que se cuenta de a poco

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A medida que Red Walker sigue el rastro de Eddie Velvet, la historia se va abriendo como una flor un poco marchita. No es un juego que te tira el misterio de una: te lo va dosificando, mezclado con flashbacks del propio protagonista y con hallazgos que cambian el sentido de lo que uno creía haber entendido. La investigación se siente menos como correr contra el reloj y más como armar un rompecabezas en silencio, mientras afuera empieza a oscurecer y uno se da cuenta de que ya lleva un rato sin pestañar.

En las zonas más oscuras aparecen criaturas que te obligan a usar el arma con cabeza, y los jefes son esos momentos donde uno agradece haber guardado balas. La combinación de combate, búsqueda de objetos y administración de recursos le da al juego un pulso de survival horror clásico, pero sin perder el ritmo pausado del género de investigación. Para quienes, como yo, valoran sobre todo la exploración y el peso de cada descubrimiento, Silver Pines se sostiene como una aventura a la que dan ganas de darle varias vueltas antes de apagar la consola.

SB
Sofía BianchiCultura y espectáculos

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