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"Te elegimos para ser nuestra mamá": el recreo donde arrancó una familia de nueve

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Alejo FerreroSociedad y vida cotidiana · · 4 min de lectura
"Te elegimos para ser nuestra mamá": el recreo donde arrancó una familia de nueve

La esquina de cualquier barrio de Mar del Plata cambia de fisonomía cuando pasan cuatro chicos juntos camino a la escuela técnica, dos más en otra dirección rumbo a quinto año, una joven que se sube al colectivo con la mochila llena de apuntes de Abogacía y un bebé que va en brazos mirando todo con los ojos bien abiertos. Yo conozco esa postal porque hace rato sigo la historia de María Laura, una maestra que un día cualquiera se cruzó con seis hermanos en un aula y, sin saberlo, estaba empezando a armar la familia más grande que uno pueda imaginarse.

Cuando me senté a charlar con ella en su casa del barrio Constitución, todavía me costaba dimensionar lo que me contaba: María Laura tenía 38 años y vivía con su pareja cuando decidió postularse para adoptar a un grupo de seis hermanos que estaban institucionalizados desde hacía cinco años. El proceso duró años, incluyó una separación temporaria y un vínculo que los propios chicos terminaron de confirmar con una frase que a ella se le repite en la cabeza cada vez que la cuenta. Poco después de obtener la guarda, descubrió que estaba embarazada. Hoy la familia suma siete hijos, de 1 a 20 años, y la casa pasa de dos a nueve casi sin que uno se dé cuenta de cuándo se llenó de ruido y de vida.

Una decisión que se fue cocinando de a poco

María Laura es maestra y conoció a los chicos en el aula. Dos de los seis hermanos eran sus alumnos, y ella colaboraba en el hogar donde vivían desde hacía cinco años. La posibilidad de adoptarlos empezó a tomar forma de a poco, aunque al principio le parecía inalcanzable: vivía en un departamento pequeño y la idea de hacerse cargo de seis niños a la vez generaba dudas también en su pareja, que en ese momento temía no poder sostener económicamente la responsabilidad. La pareja se separó por un tiempo y ella inició los trámites sola.

El proceso de vinculación pasó por varias etapas, y acá viene un dato que a mí me parece clave para entender cómo funciona la adopción de grupos de hermanos en la Argentina: los chicos tampoco querían ser adoptados de entrada y ella tampoco se sentía lista para dar el paso definitivo. La figura que funcionó para todos fue la de referente afectivo, un rol intermedio que permite ir construyendo lazos sin forzar nada. Cuando le preguntaron si quería a uno, a los gemelos o a los mellizos, la respuesta fue clara y la dejó por escrito en el expediente: "Quiero estar con los seis".

El recreo donde todo cambió

Los hermanos habían construido entre ellos un bloque muy sólido durante los años en el sistema. La mayor los había cuidado durante todo ese tiempo, y cederle ese rol a otra persona le llevó un proceso propio que María Laura describe con mucho respeto. "La más grande tenía que cederme el derecho a cuidarlos. Fue un desafío que ella tuvo que afrontar: dejarme el cuidado de los chicos a mí, de a poco", recordó María Laura, y uno se imagina el peso de esa conversación entre las dos, una tarde cualquiera, en esa misma casa que después se llenaría de voces.

El punto de inflexión llegó en un recreo escolar, cuando algunos de los chicos se acercaron y le dijeron la frase que ella repite como un mantra: "Te elegimos para ser nuestra mamá". Desde ese momento, los trámites se orientaron hacia la convivencia y empezó a correr el reloj de una nueva vida en común.

La familia que hoy se sienta en la mesa

  • Daniel y Milo (13), los gemelos, y Maiara y Lionel (16), los mellizos, asisten a una escuela técnica.
  • Zaira (18) cursa el último año del secundario.
  • Daiana (20), la mayor, estudia Abogacía.
  • Nahitan, de poco más de un año, es el bebé que nació después de la adopción.

Lo de Nahitan tiene una perlita que María Laura cuenta con una sonrisa que todavía se le nota en la voz cuando la nombra: uno de los gemelos le besó la panza antes de que ella supiera que estaba embarazada y dijo "hola, bebé", y así fue como se enteró. La pareja también retomó el vínculo y ocupa hoy el rol de padre en la familia. Los hermanos mayores cuidan a Nahitan con entusiasmo, y la casa funciona como un equipo en el que cada uno sabe qué le toca.

Antes de irme, le pregunté a María Laura cómo se resume todo este recorrido, y ella me contestó algo que me parece que resume mejor que cualquier título lo que pasó en esa casa del barrio Constitución. "Son el amor de mi vida. Es la familia que siempre esperé, siempre quise una familia grande y hoy la tengo unida", dijo María Laura, que participa de la Asociación Civil Adopten Niñes Grandes, una organización que acompaña a familias que están en el mismo camino que ella transitó durante años.

AF
Alejo FerreroSociedad y vida cotidiana

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