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Martes, 13 de octubre de 2026
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El músculo no parte de cero: lo que la biología sabe sobre la memoria que deja el entrenamiento

Investigadores de Estados Unidos identificaron mecanismos celulares por los que músculos e hígado retienen información del ejercicio, incluso tras semanas o meses de inactividad. El hallazgo no reemplaza moverse con regularidad, pero ayuda a entender por qué volver a entrenar después de una pausa no es empezar de nuevo.

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Alejo FerreroSociedad y vida cotidiana · · 4 min de lectura
El músculo no parte de cero: lo que la biología sabe sobre la memoria que deja el entrenamiento

Acá, en la esquina de cualquier plaza porteña un poco antes de que anochezca, basta mirar un rato para entender la escena de siempre: gente trotando, otros estirando sobre un banco, alguno que llega con la mochila del trabajo y se cambia rápido para no perder el turno de la caminata. Y también está, una o dos veces por semana, el que vuelve. El que había dejado de venir por una lesión, por el embarazo, por una temporada de trabajo que le devoró las horas, o por esa gripe larga que lo dejó tirado tres semanas en la cama. Cuando reaparece, suele decirlo bajito, mientras se ata los cordones: "Tengo la sensación de que perdí todo". La ciencia, sin embargo, acaba de publicar algo que le da un guiño a ese regreso: el cuerpo no olvida tan fácil como uno cree, y los músculos menos que nadie.

Lo que acaba de aparecer en dos revistas científicas norteamericanas es bastante directo en su planteo y bastante cuidadoso en sus conclusiones. Los investigadores Diego Hernandez-Saavedra y Yi-Heng Huang, de la Universidad de Illinois Urbana-Champaign, se propusieron mirar qué pasa adentro de las células cuando alguien entrena, deja de entrenar y vuelve a entrenar. No lo hicieron con personas en un gimnasio, sino con ratones divididos en grupos bien marcados: unos entrenaban entre cuatro y ocho semanas, otros descansaban un tiempo sin hacer nada, y un tercer grupo retomaba la actividad después de la pausa. La pregunta era si la respuesta de los que ya tenían historia era distinta de la de los que nunca habían corrido en una rueda. Y la respuesta, a nivel celular, fue sí.

Qué cambia cuando uno vuelve

Lo primero que detectaron los investigadores es que los animales con entrenamiento previo desarrollaron fibras musculares más grandes al retomar la actividad. No es un detalle menor: cuando uno levanta pesas o trota con cierta intensidad, las fibras del músculo se hipertrofian, es decir, aumentan de tamaño, y eso es parte central de lo que se llama "ganar masa muscular". Lo interesante del hallazgo es que esa respuesta aparece más rápido en los que ya entrenaron alguna vez, como si las fibras tuvieran un atajo listo para volver a crecer.

El segundo dato tiene que ver con la energía. Los músculos de los ratones con experiencia previa aprovechaban mejor el combustible disponible durante el esfuerzo, y esa ventaja metabólica se mantenía incluso durante las semanas en que el animal estaba inactivo. Para explicarlo en criollo: cuando uno deja de entrenar, no es que el músculo se quede exactamente como el de alguien que nunca se movió. Algo queda escrito adentro, algo que todavía los investigadores no terminan de descifrar del todo pero que les permite decir, con respaldo experimental, que la inactividad no borra el pasado.

El hígado también se acuerda

  • Los músculos con entrenamiento previo desarrollan fibras más grandes al volver a la actividad.
  • Aprovechan mejor la energía disponible durante el esfuerzo, incluso después de semanas sin moverse.
  • El hígado aumenta la producción de carboxilesterasas, enzimas que descomponen grasas en sangre para usarlas como combustible.
  • Esa coordinación entre hígado y músculo mejora la respuesta metabólica al retomar el ejercicio.

La pausa, eso sí, tiene costo real

Acá viene la aclaración que los propios investigadores se encargan de hacer y que a mí, como cronista de la vida cotidiana, me parece la más importante. La memoria celular existe, pero no es una licencia para pasarse meses sentado en el sillón. Tras varias semanas sin actividad, bajan la capacidad cardiovascular, la fuerza y la sensibilidad del organismo a la insulina, que es la forma en que el cuerpo regula el azúcar en sangre. Volverse a mover siempre cuesta, y el punto de partida, aunque no sea cero, tampoco es el de la mejor forma física de la vida de uno.

Lo que el hallazgo cambia es la mirada. Quien vuelve después de una pausa larga ya no puede decirse "empecé de cero", porque adentro de sus células hay un registro que está esperando la señal para activarse. Es, si se quiere, una pequeña buena noticia para los que sienten que la vida adulta les complicó la rutina y que ya no tienen edad para empezar de nuevo. La edad, como tantas otras cosas, se discute aparte.

“La idea de que las células guardan memoria no es nueva en biología: las neuronas almacenan información a través de sus conexiones y el sistema inmunitario reconoce agentes que ya enfrentó. Lo nuevo es que el músculo, el hígado, la piel y el tejido adiposo también parecen guardar registros de experiencias pasadas.”Diego Hernandez-Saavedra, investigador de la Universidad de Illinois Urbana-Champaign
AF
Alejo FerreroSociedad y vida cotidiana

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