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Lunes, 19 de octubre de 2026
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Tormentas que caen en minutos: qué hacer hoy en Neuquén para no quedar a merced del agua

Tras décadas de sequía, los suelos neuquinos se empaparon y los arroyos que parecían muertos empiezan a recuperar caudal. La provincia pide a las familias que viven cerca de ríos y cañadones tomar medidas concretas antes de la próxima emergencia, y hay un kit básico que puede marcar la diferencia.

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Alejo FerreroSociedad y vida cotidiana · · 4 min de lectura
Tormentas que caen en minutos: qué hacer hoy en Neuquén para no quedar a merced del agua

Acá, en la esquina de cualquier barrio neuquino que mire hacia un cañadón o hacia el cauce de un arroyo, la conversación de las últimas semanas dejó de ser un comentario sobre la falta de agua y pasó a ser otra bien distinta: ¿qué pasa si vuelve a llover fuerte? La pregunta tiene respuestas concretas, porque los suelos de la provincia llegaron al tope de absorción y las tormentas de verano se arman en minutos, descargan a baldazos sobre una zona chica y se llevan puestos sectores que hasta hace poco parecían seguros. Yo estuve revisando lo que viene difundiendo la Secretaría de Emergencia y Gestión de Riesgo provincial, y la verdad es que hay varios pasos que cualquier familia puede empezar a aplicar hoy mismo, sin esperar a que suene la sirena.

Para entender por qué la advertencia tiene más fuerza que de costumbre, hay que mirar el mapa de los últimos meses. Después de años de sequía persistente, las lluvias recientes saturaron la tierra. Esa capa ya no aguanta una gota más y, entonces, lo que cae escurre hacia abajo y se mete en arroyos y cañadones que durante mucho tiempo estuvieron secos. Ríos que parecían dormidos recuperan caudal de golpe, y eso cambia el cálculo de riesgo de cualquier vivienda construida cerca. Como me dijo Jorge, vecino del barrio Villa Florencia, mientras miraba cómo pasaba el agua por la calle después de una tormenta corta: "Mirá, antes esto era una calle tranquila, hoy ya te pensás dos veces antes de sacar el auto".

Tormentas que se arman en minutos y viajan lejos

Luciana Ortiz Luna, secretaria de Emergencia y Gestión de Riesgo de la provincia, fue clara al describir lo que más les preocupa a los técnicos. Lo que se viene presentado con fuerza creciente son tormentas convectivas: esas que pasan de cielo tranquilo a diluvio en cuestión de minutos y concentran el agua sobre un área chica. A eso se le suma un detalle que muchos vecinos no tienen en cuenta: el agua que genera el daño no siempre cae encima del barrio afectado. Una precipitación intensa sobre una cuenca alejada puede transformar a un arroyo que en la superficie se ve calmo en una corriente de gran fuerza, con el nivel subiendo metros en muy poco tiempo. Esa lógica es la que obliga a mirar más allá del frente de la casa y pensar en la cuenca entera.

El kit de emergencia del que habla la provincia no es una exigencia pensada para un apocalipsis ni una lista para un camping. Es más bien un bolsón con lo justo para sobrevivir las primeras horas sin gas, sin luz y, en muchos casos, sin volver a dormir a la casa. Documentación personal de toda la familia, alimentos no perejederos que se puedan comer sin cocinar, agua potable en botellas, una linterna con pilas de repuesto, una radio a pilas para escuchar los partes oficiales, cargadores de teléfono y, si hay un bebé en la casa, todo lo necesario para sostener la rutina de un recién nacido fuera del hogar. Suena básico, pero la mayoría de los vecinos con los que uno charla reconoce que no tiene nada de eso armado. Quien tuvo alguna vez que salir corriendo lo sabe: armar la mochila con la sirena sonando es mil veces más complicado que tenerla lista en un placard.

Los cauces viejos que estaban dormidos y vuelven a despertar

Hay un punto del trabajo provincial que vale la pena contar despacio, porque cambia la forma en que miramos el territorio. Desde la Secretaría se está relevando antiguos cauces fluviales que durante los años secos quedaron inactivos, prácticamente borrados del paisaje. Esos trazones hoy pueden volver a recibir grandes caudales cuando se encadenan varias jornadas de lluvia, y la idea es detectarlos antes de que hagan un daño serio, trabajando con los municipios para señalizarlos y para que los vecinos sepan que esa franja verde que parece un campito, en realidad, alguna vez fue río.

El pedido que repiten las autoridades, y que uno escucha cada vez más en boca de los propios vecinos, es sencillo de decir pero cuesta cumplirlo: no esperar a la emergencia para empezar a prepararse. Neuquén viene de la peor sequía de su historia reciente y, paradójicamente, eso dejó al territorio más vulnerable que nunca frente a la lluvia. La ventana que se abre ahora no es para tener miedo, sino para hacer la tarea pendiente. Como me dijo Marta, del barrio Confluencia, mientras acomodaba botellas de agua en la cocina: "Yo ya no creo más en eso de que acá no se inunda. Ahora me preparo como si pudiera pasar mañana". Tiene razón.

AF
Alejo FerreroSociedad y vida cotidiana

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