Volver al gimnasio sin lesionarse: la hoja de ruta que propone un kinesiólogo para dejar de ser "un sedentario que hace deporte"
Emiliano Gallegos sostiene que la mayoría de quienes entrenan siguen sentados demasiadas horas y por eso recomienda sumar pausas activas, planificar la rutina y arrancar con ejercicios básicos antes de subir la carga.

Acá, en cualquier esquina de Buenos Aires a las siete de la tarde, se ve la misma postal: oficinistas con el buzo del gimnasio cruzando la avenida, todavía con el aire un poco cortado, como si el día no les hubiera dado tregua. Precisamente a ellos les habla Emiliano Gallegos, un kinesiólogo que viene repitiendo una idea que a muchos los incomoda: no alcanza con entrenar una hora si después se pasan ocho sentados frente a la pantalla. "Nos consideramos no sedentarios, pero muchas veces somos sedentarios que hacemos deporte", me dice, y lo dice sinraisingear, casi como quien comenta algo que se repite en su consultorio de Caballito semana tras semana.
Lo que este profesional propone es algo tan simple como difícil de aplicar en la rutina diaria: romper la jornada con pausas activas, esos pequeños bloques de movimiento que se cuelan entre una reunión y otra. Me cuenta, por ejemplo, que un vecino del barrio, al que llamaremos Jorge para preservar la intimidad del consultorio, le confesaba que aprovechaba los minutos en que se preparaba el café para hacer unas cuantas sentadillas frente a la mesada. "Son tonterías, pero suman", resume Gallegos, y enumera otras opciones mínimas: subir por escalera en lugar de tomar el ascensor, levantarse cada hora para estirar las piernas, caminar hasta el kiosco de la esquina en vez de pedir delivery.
La evaluación, ese paso previo que casi nadie quiere hacer
Antes de volver a cargar la barra o subirse a la cinta, Gallegos pide algo que a los más ansiosos les cuesta aceptar: una evaluación previa. No se trata de un examen médico complejo, sino de una charla en la que el kinesiólogo pregunta cómo se alimenta el paciente, cuántas horas duerme, qué hace durante el día y, sobre todo, qué espera del entrenamiento. "Lo fundamental es hacer una evaluación, preguntar por los hábitos y, a partir de eso, planificar", sostiene, y la frase la repite como un mantra porque sabe que, sin ese punto de partida, cualquier rutina termina siendo un parche.
- Conocer los hábitos del paciente antes de armar la rutina.
- Planificar una frecuencia de alrededor de tres entrenamientos semanales.
- Arrancar con ejercicios básicos y aumentar la carga de manera progresiva.
- Priorizar la técnica por encima del peso para evitar lesiones.
- Cerrar cada sesión con una vuelta a la calma y estiramientos.
Esa planificación, aclara, no es caprichosa: las estructuras del cuerpo, los huesos, los tendones, los músculos, necesitan un tiempo para acostumbrarse a las exigencias. Por eso, cuando se viene el verano y todos quieren verse en la playa, el especialista ve un aluvión de personas que vuelven al gimnasio con la guardia baja y se lesionan a las dos semanas. El error más común, dice, es empezar con demasiada carga o saltearse los ejercicios más simples, esos que parecen aburridos pero que son los que sostienen el resto.
“Lo más importante es la técnica del ejercicio, no la carga, para no lesionarse.”Emiliano Gallegos, kinesiólogo
En el consultorio de Gallegos, que queda a pocas cuadras del Parque Centenario, la rutina se arma después de esa evaluación y suele respetar una lógica que él describe con paciencia: ejercicios adecuados al nivel real de cada persona, una progresión gradual que no asuste al cuerpo y un cierre con estiramientos que muchos saltean pero que, según insiste, marcan la diferencia al día siguiente. La idea de fondo es que el entrenamiento no compense el sedentarismo, sino que se sume a una jornada donde el cuerpo también se mueve en los intersticios.
Cuando le pregunto qué lugar le encuentra él a la actividad física en medio de una vida tan acelerada, Gallegos se queda un segundo pensando y después responde con una frase que me parece resumir buena parte de su filosofía de trabajo: "Es un ratito en el día para uno, pero no puede ser la única excusa para moverse". Y mientras lo dice, en la calle, un ciclista pasa apurado por la esquina y una señora mayor camina lento hacia la parada del colectivo, como recordándonos que moverse, en definitiva, es una decisión que se toma muchas veces por día.
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