La línea de los $3.900.000: la puerta de entrada al 10% que más gana, según el INDEC
La Encuesta Permanente de Hogares del segundo trimestre de 2026 muestra que, para pertenecer al segmento de mayores ingresos, una familia tipo necesita reunir al menos $3.900.000 mensuales, con un promedio que llega a los $6.057.098 y un techo que se extiende hasta los $75.000.000 por mes.

Quiero arrancar esta columna con un dato que, mirado con detenimiento, dice bastante más de lo que parece: para integrar el diez por ciento de los hogares con mayores ingresos de la Argentina, una familia debió haber percibido, durante el segundo trimestre de 2026, al menos tres millones novecientos mil pesos por mes, según la Encuesta Permanente de Hogares que difundió el INDEC a partir del relevamiento realizado en los treinta y un aglomerados urbanos del país, una cifra que, como vamos a ver, no refleja un sueldo individual sino el total de dinero que ingresa a un hogar por todos los conceptos, desde el trabajo en relación de dependencia hasta las jubilaciones, las pensiones, los subsidios y cualquier otra entrada que pueda sumar una familia a fin de mes, y que en el promedio del conjunto de los hogares relevados se ubicó en dos millones treinta y siete mil setecientos ochenta y cuatro pesos mensuales, un número que, en comparación con el umbral del decil superior, ayuda a entender la enorme distancia que media entre la mayoría de las familias argentinas y la franja que más recursos concentra.
Lo que mide el INDEC, hay que aclararlo de entrada, no es el salario de cada uno de los integrantes del hogar sino el ingreso total familiar, que es la suma de todas las fuentes que sostienen a esa unidad doméstica, y la metodología que emplea el organismo para ordenar a los distintos grupos consiste en ubicar a las familias según sus ingresos de menor a mayor y dividirlas luego en diez grupos iguales, llamados deciles, de manera tal que cada decil agrupa al diez por ciento de los hogares y permite comparar qué pasó con cada uno de ellos a lo largo del tiempo, y así como el primer decil, el de menores ingresos, arrancó en apenas cinco mil pesos y llegó hasta los quinientos setenta y ocho mil, con un promedio de trescientos ochenta y tres mil trescientos setenta y ocho pesos, el último decil, el de mayores ingresos, se abrió en esos tres millones novecientos mil y se extendió nada menos que hasta los setenta y cinco millones de pesos, con un promedio de seis millones cincuenta y siete mil noventa y ocho, lo que muestra, de manera elocuente, que estar dentro de un mismo segmento no significa en absoluto disponer de ingresos parecidos.
Cómo se reparte la plata entre los deciles
- Decil 1 (menores ingresos): entre $5.000 y $578.000 por hogar, con un promedio de $383.378 mensuales. Concentró el 1,9% del ingreso total relevado.
- Decil 8: entre $2.300.000 y $2.939.000 mensuales por hogar.
- Decil 9: entre $2.939.000 y $3.900.000 mensuales por hogar.
- Decil 10 (mayores ingresos): desde $3.900.000 hasta $75.000.000, con un promedio de $6.057.098. Concentró el 29,7% del ingreso total.
- Promedio general de los hogares relevados: $2.037.784 mensuales, sobre 2,9 integrantes por familia.
Ahora bien, lo que más me interesa remarcar, y acá es donde la fotografía se vuelve realmente elocuente, es el cambio en la composición de los ingresos a medida que uno sube en la escala, porque en el promedio del conjunto de los hogares el trabajo aportó el setenta y ocho coma uno por ciento de los ingresos mientras que las fuentes no laborales, como jubilaciones, pensiones y subsidios, explicaron el veintiuno coma nueve por ciento restante, pero cuando uno se mete en el segmento superior la participación del trabajo trepa hasta el ochenta y seis coma seis por ciento, lo que confirma que en la cima de la pirámide distributiva lo que manda es el ingreso laboral, y en el extremo opuesto, en el grupo de menores ingresos, la relación se da vuelta: jubilaciones, pensiones, subsidios y otras ayudas no laborales representaron el sesenta y siete coma tres por ciento del total, lo que muestra hasta qué punto las familias más vulnerables dependen del Estado y de los haberes previsionales para poder subsistir, una asimetría que, a mi entender, debería estar en el centro de cualquier política de ingresos que se precie de seria, y que el INDEC vuelve a poner sobre la mesa con una crudez que a veces cuesta digerir.
También hay diferencias en la cantidad de personas que viven bajo un mismo techo, porque si en el decil superior el promedio es de tres coma cuatro miembros por hogar, en el decil inferior esa cifra baja a apenas dos, mientras que para el conjunto relevado se ubica en dos coma nueve integrantes, y esto quiere decir que los números absolutos de ingreso familiar, por significativos que sean, no pueden leerse sin considerar cuántos se reparten ese dinero, ya que dentro del segmento superior, que reúne aproximadamente un millón diecisiete mil familias en las que viven tres millones cuatrocientos noventa y una mil personas, conviven desde hogares que recién cruzan el umbral de los tres millones novecientos mil hasta aquellos que perciben setenta y cinco millones en el mes, una heterogeneidad interna que el propio INDEC reconoce al publicar la amplitud de cada tramo y que impide tratar al diez por ciento de mayores ingresos como un bloque homogéneo, como tantas veces se intenta desde el comentario político, donde se suele meter en la misma bolsa a un profesional que recién ingresa al decil con un gerente que cobra varias veces el promedio del segmento, y lo que queda en evidencia, una vez más, es que la línea de los tres millones novecientos mil pesos marca un piso, no un techo, para la franja más acomodada del país.
Mientras el INDEC siga publicando estos datos con la regularidad con que lo viene haciendo, vamos a poder seguir discutiendo con números concretos y no con frases hechas, y a mí, como me toca salir a recorrer la zona núcleo todos los días, lo que más me interesa de estos guarismos es lo que cuentan sobre la calle, sobre el changarín que cobra la changa, sobre la familia tipo del pueblo, sobre el productor chico que factura a noventa días, y por eso vuelvo a preguntarme, como me pregunto cada vez que aparece un cuadro de estos, qué lugar ocupan las distintas fuentes de ingreso en la vida cotidiana de los argentinos, una pregunta que, me temo, el Estado todavía no terminó de responder con políticas que mejoren la composición y la equidad de esos ingresos, sobre todo en los estratos más bajos, que son los que siguen dependiendo de la jubilación y del subsidio para llegar a fin de mes.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo


Clave para comerciantes: obligan a Mercado Pago y demás tarjetas prepagas a acreditar el dinero en 48 horas

