Nucha pone la proa hacia el interior y deja atrás un AMBA donde la torta se reparte entre cada vez más competidores
La cadena fundada por Regina Vaena abrirá en Neuquén, Salta y San Juan tras registrar una caída de hasta 12% en la cantidad de operaciones. La facturación del año pasado rozó los 5.700 millones de pesos, pero los márgenes se ajustan por subas de alquileres y servicios que corrieron por encima de la inflación.

Quien haya caminado por una avenida comercial de la ciudad de Buenos Aires en los últimos meses sabe que las cafeterías de especialidad brotan como los yuyos después de la primera lluvia, y que cada vez es más difícil encontrar un local vacío donde ayer funcionaba un banco o una tienda de ropa. En ese escenario saturado, y con un consumidor que gasta menos y concurre menos, la cadena de pastelerías y cafeterías Nucha decidió mirar hacia otro lado y empujar su expansión hacia el interior del país, donde la competencia por el plato de torta todavía no se parece a la pulseada porteña.
La firma, que este año celebra más de tres décadas desde que Regina Vaena la puso en marcha en el barrio de La Paternal, terminó 2025 con una facturación cercana a los 5.700 millones de pesos distribuidos entre sus diecisiete locales, de los cuales dos son propios y el resto opera bajo el formato de franquicia, con una única excepción fuera del Área Metropolitana de Buenos Aires: el local de Río Gallegos, en la provincia de Santa Cruz, que oficia de avanzada de lo que la empresa planea para los próximos meses.
El nuevo mapa: Neuquén, Salta y San Juan
El socio gerente Carlos Rava confirmó que las próximas aperturas apuntan a Neuquén, Salta y San Juan, plazas que la empresa identifica como mercados con demanda insatisfecha de marcas reconocidas y con una saturación de oferta muy inferior a la del conurbano. En paralelo, antes de que termine el año deberían sumarse cuatro locales en barrios porteños y localidades bonaerenses, en una combinación que incluye a Núñez y Saavedra, en la ciudad de Buenos Aires, y a General Rodríguez y City Bell, en la provincia.
“En AMBA se atomizó mucho el consumo y la apertura de locales chicos de cafeterías de especialidad está minando los ingresos del resto. El consumo no se expandió, sino que la torta está repartida entre más jugadores. Nuestro plan de expansión está pensado para llegar a lugares que estén ávidos de buenas marcas, pero que no tengan grandes locales ni experiencias de competencias importantes.”Carlos Rava, socio gerente de Nucha
El diagnóstico del empresario pinta de cuerpo entero lo que pasa en las principales arterias comerciales del Gran Buenos Aires, donde cada cuadra suma propuestas nuevas de café de especialidad, pastelería de autor y opciones para desayunar o merendar que pelean por el mismo bolsillo. La consecuencia, según los números que maneja la propia empresa, fue una caída de entre el 10% y el 12% en la cantidad de operaciones frente al año anterior, en un contexto donde el ticket promedio oscila entre los 20.000 y los 30.000 pesos y, según Rava, no acompañó el ritmo de la inflación.
El ejecutivo describió el fenómeno con una imagen que se repite en las reuniones de café de los últimos tiempos: La cantidad de tickets y transacciones, año contra año, fue bajando. El ticket promedio no subió a niveles de la inflación, hay menos cantidad, y las personas gastan menos en relación al año pasado. En criollo, el plato se achicó, la porciones son menos y los comensales también, una combinación que suele ser la peor noticia posible para cualquier negocio que vende por volumen.
La ecuación de costos tampoco ayudó. Rava reconoció que los servicios y los contratos de alquiler de la cadena se incrementaron durante el último año por encima del índice general de precios, lo que apretó la estructura de gastos y obligó a recalcular los plazos de recupero de la inversión. Para los franquiciados del interior, el paquete contempla una cámara de congelado que permita recibir productos elaborados en las plantas que la firma posee en La Paternal, con envíos que se repetirán aproximadamente una vez por semana para mantener la oferta en vidriera.
Para el sector PyME ligado a la gastronomía, el caso de Nucha funciona como termómetro de algo que se repite en mostradores de todo el país: la incertidumbre sobre cómo seguirá el consumo en los próximos meses, sumada a la presión de los costos fijos en pesos, deja a las cadenas chicas y medianas dependientes de la creatividad comercial para mantener viva la caja. Y en esa pulseada, mirar hacia plazas chicas pero ávidas de marcas conocidas aparece, al menos en los papeles, como una jugada más razonable que seguir sumando locales en esquinas donde la pelea ya está perdida antes de abrir la puerta.
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